miércoles, 8 de marzo de 2017

Mujer, reina de la especie

Parece obligado hoy,  8 de marzo, hablar de la mujer. Aunque no tengo un discurso típico ni en la línea que este año parece estar de moda en los medios de comunicación. Me gustaría enviar un mensaje a la mujer, a todas las mujeres del primer mundo, porque las mujeres que están en condiciones precarias saben muy bien quiénes son. No han perdido sus instintos.

Creo que es la mujer educada y trabajadora del primer mundo, la que habla idiomas y viaja, la que decide con quien acostarse, cuándo ser madre, la que tiene ese puesto de trabajo para el que su madre la orientó con frases de lucha como estas:

“Nunca dependas de un hombre", "no tengas hijos te quitan la opción de vivir", "estudia para ser independiente

Ahora lo han conseguido, lo hemos conseguido: mujeres presidentas de grandes empresas, dueñas de bancos, de grupos de inversión, más del 80% de los empleados en empresas de selección personal son mujeres, o sea la mujer ya selecciona y es responsable de la contratación laboral, mujeres políticas durante años, mujeres presidentas de países, princesas y reinas…

¿Y qué? ¿Qué ha cambiado? Hoy, el día del orgullo de la mujer trabajadora, quiero compartir la vergüenza que me produce que ese modelo de  mujer triunfadora se ha convertido en la peor versión del hombre. La mujer trabajadora discrimina igual y muchas veces peor que el hombre. La mujer trabajadora ataca a otras mujeres y no a los hombres. Humilla a otras mujeres que considera en estratos inferiores al suyo (secretarias,  empleadas del hogar, camareras, peluqueras), maltrata y rechaza a mujeres de otras razas, contrata mujeres con los mismos criterios que lo hacen los hombres: mujeres jóvenes a bajos sueldos, mujeres son viejas a partir de los 30, mujeres con niños pequeños, no, gracias,  mujeres con posibilidad de ser madres, prohibido...

Me pregunto  para qué ha servido tanta lucha, ya votamos, ya decidimos…Creo que cometemos los mismos, o incluso, peores errores que los hombres. Aplicamos su ley, la que nos han enseñado. Y es justo ahí donde tenemos que cambiar. Debemos inventar otras cosas como  por ejemplo: palabra de mujer.

¡Reflexionad! no existe significado implícito a esta expresión: PALABRA DE MUJER. Sin embargo si lo hay para “pacto de caballeros”, o “palabra de honor”…Nosotras no tenemos ningún lenguaje verbal ni físico que implique nuestra complicidad ni  compromiso con otra mujer. Yo quiero reclamar el honor y el privilegio biológico de haber nacido mujer y no de haber nacido feminista.
Si la mujer olvida, que lo ha hecho, que es madre incluso cuando decide no serlo, que es protectora, incluso cuando va a la guerra, que es conciliadora y dialogante, incluso cuando no habla. Nos han adoctrinado a luchar por una igualdad injusta y anuladora del ser mujer más profundo. Yo no quiero ser igual que un hombre, ni quiero ser feminista, quiero ser MUJER. Que se respete mi biología y mis diferencias naturales.  Si se me acepta como mujer, se reconocerán  mis talentos y capacidades.

La mujer lesbiana,  la que tiene hijos, la que decide no tenerlos, la que no puede pero desea ser madre, la que trabaja, o la que no, la que se arregla y cuida su cuerpo, o la que come y disfruta de lo que le apetece, la que hace deporte, y la que se queda en casa leyendo o viendo la tele, la que se corta el pelo con un cúter y no se depila….todas somos mujeres. NO EXISTE UN MODELO ÚNICO DE MUJER incluso los hombres que quieren ser mujeres, lo son. Porque se siente mujeres cosa que muchas mujeres de verdad, nacidas biológicamente así, se han olvidado que significa e implica ser MUJER

 Hay algo muy importante que hemos olvidado: la mujer siempre es hermana de otra mujer.  Sin importar cómo lleve el pelo, que religión procesa. Debemos querernos, escucharnos y ayudarnos por principio, por esa fuerza que tenía la palabra de mujer en las sociedades no industrializadas. La mujer aprende de otra a mujer a serlo, la mujer debe enseñar a sus hijos a cómo querer y amar a otra mujer.
Hemos delegado en el hombre la responsabilidad de dejarnos avanzar, y somos nosotras las que elegimos y construimos nuestro rol. Pretendemos que la sociedad nos respete, que los organismos internacionales cambien, pero nos olvidamos de que debemos cambiar nosotras primero. 

 Podemos decir no, podemos hacer las cosas diferentes, podemos ayudarnos las unas a las otras, pero es más fácil ignorarnos y darnos de lado. El feminismo ha conseguido que por un sueldo la mujer se olvide de sí misma. Retrase su maternidad o llegue incluso a congelar sus ovarios. ¿Congelar sus ovarios por un puesto de trabajo? Realmente Vale la pena. Creo que el feminismo obsesivo y radical solo pretende una cosa: crear el trabajador perfecto. ¡Ríete de un robot!, nadie puede ser mejor trabajador que una mujer que renuncie a serlo. Aportará más creatividad, inteligencia emocional y despotismo que un hombre. No hay persona más cruel con una mujer que otra mujer. Y TODAS SABÉIS QUÉ ES VERDAD porque en algún momento lo habéis experimentado.

¡Miraros!,¿queréis que los demás os reconozcan derechos?  Solo a vosotras, ejecutivas del mundo vuestro trabajo debe ser valorado pero el de vuestras empleadas del hogar debe seguir siendo considerado  basura. Ayudáis a la esclavización de otras mujeres. Y educáis a maltratadores, vuestros hijos, que crecen en un entorno donde el trabajo de su madre es importante pero el de su cuidadora o su sirvienta no. No les enseñamos a cómo amar a otra mujer, "eso lo hacen los padres", otra delegación muy grave, o ahora ya aprenden solos en  internet.

En esta lucha solo ha ganado el hombre, se ha feminizado y se está convirtiendo en la mejor versión femenina: pide reducción laboral, las empresas de hombres ponen más servicios a la mujer que las empresas gerenciadas por mujeres.  Existen más planes de conciliación laboral en empresas dirigidas por mujeres mayores de 50 años que en las empresas creadas por mujeres jóvenes.

Nada más, ¡feliz día de la mujer trabajadora!, recordad no somos princesas, somos reinas y nosotras decidimos. El cambio de la sociedad lo tenemos que crear y dirigir nosotras.  

jueves, 2 de marzo de 2017

Sobre la verdad y la mentira

Realmente a quién le importa que las cosas sean verdad o mentira. Tampoco a la justicia, ¡qué poco justa es la justicia!, podrían haberle buscado un nombre más acertado, pero como a nadie le importa pues ahí seguimos sufriendo una justicia injusta.

Como veis esto de cumplir años me hace reflexionar o más bien divagar, y sí, lo reconozco, ando muy reflexiva y profunda, algo menos enfadada porque empiezo a aceptar dos cosas:
Una, la vida no va a cambiar por más que yo me enfade.
Dos, yo tampoco pienso cambiar, ni un ápice.

Mucho se ha discutido sobre la tan valorada verdad  y sin embargo, aquí estamos, inventando historias, vosotros, escritores, dueños de la capacidad de crear realidades paralelas sois los únicos propietarios  de vuestra verdad y de exhibirla en el formato que más os apetezca. 
Me encanta leeros e imaginar a vuestros personajes,  fantasear sobre la idea que  vuestra narrativa esconde  personas reales, verdades disfrazadas de ficción para resultar  más creíbles. Y  si algún día leyera un personaje inspirado en mí, a veces me lo pregunto,  estoy segura que no me reconocería porque no podemos saber lo que somos para los otros. No sabríamos reconocer la esencia que dejamos en otras personas.  ¿O sí?

¡Cómo me gustaría ser un personaje literario!, sería perversamente demoledora de tantos principios que elevamos como ideologías universales inamovibles, verdades impresas generación tras generación a través de un sistema educativo tan rígido y caduco como el concepto de verdad y mentira.  
Pero si respiro profundamente, partículas de cambio inundan mis pulmones, y me refrescan el alma. Hay un futuro nuevo escribiéndose a cada segundo, y lo cambiará todo. ¡Fascinante! No sabemos si ese futuro será verdad o mentira, pero a quién le importa, solo será futuro.

PS:

Quiero compartir con vosotros una frase maravillosa que me ha regalado un conocido peculiar hoy: “Tenemos una vida para gastarla, no para devolverla intacta…¡Gastémosla!”
Por cierto, si sabéis a quién pertenece esta cita, me encantaría que me lo dijerais, yo no he conseguido descubrilo por lo que todavía sería más original mi regalo.