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martes, 12 de septiembre de 2017

Volver a escribir


Hoy ha sido la vuelta al colegio, no solo los niños se reenganchan a la rutina sino que los adultos también volvemos a intentar retomar aquellas cosas que solíamos hacer. En mi caso, mi reto para este otoño es recuperar la frecuencia de este blog. 

Me duele ver cómo algunos artículos tienen más de 1.500 lecturas y no he sido regular en mi compromiso con esos lectores, fieles o furtivos, siempre bienvenidos. Tengo que reconocer que he sufrido algo de terror escénico, pánico a ser leída, parece ridículo, pero resulta imposible escribir sobre algo literario y no dejarse un poquito de uno mismo por el camino. Todavía más imposible parece que eso de ti mismo pueda ser usado en tu contra. Pero estoy decidida a plantarle cara al silencio y no hay mejor manera que hacerlo escribiendo. 

Os recuerdo que la principal técnica para vencer el miedo a la página en blanco consiste en empezar a escribir, borrar y volver a escribir. Ponerse de pie, dar una vuelta, y volver a escribir… En mi caso, sustituyo el dar una vuelta por prepararme un gran tazón de leche calentita con cacao en polvo (eludiré la marca), os prometo que es lo que mejor me funciona. 

Desconozco en qué situación estáis respecto a vuestra capacidad creativa y si la voluntad de escribir será más fuerte que vuestros terrores de escritores, porque ya hemos hablado que cada uno tiene el suyo. Nunca pensé que podría condicionarme el saberme leída, ¡qué tontería parece ahora! Pero los miedos nunca son poca cosa para aquel que los sufre. 

Ayuda mucho tener claro sobre lo que queréis escribir, en mi caso voy a volver a dar una mirada a nuestras obras, algunas atascadas después del verano, y a otras que se quedaron olvidadas en mi mesita de noche. He retomado la Cúpula de Stephen King, sí, la he empezado en la página 590...Es algo mítico acabar esta obra, me aventuraría a decir que junto al Ulises de James Joyce se convierten en certificados de lector desenvuelto y tenaz. 

Otra técnica para escribir es leer, si no leemos no podemos progresar adecuadamente. Al leer alimentamos nuestras estructuras mentales de alguna forma que no puedo explicar, pero cuando no leemos perdemos estilo narrativo y enfoque descriptivo. Es decir, olvidamos cómo decir las cosas aunque sepamos lo que queremos expresar. 

De momento lo voy a dejar aquí, gracias a todos por vuestro apoyo y vuestra infinita confianza en mí, durante muchas semanas ha sido vuestra confianza la única de la que he dispuesto. Las muestras de cariño me han llegado en diferentes formatos y desde varios países. No os imagináis lo importantes que habéis sido para mí. Saber que estáis ahí, a una línea de mí, esperando leerme despacito y yo, aquí, sintiendo vuestra ilusión en cada letra bajo mis dedos. Pues, a ello,  vamos a leernos y si podemos a publicaros.

Nota: Que este post tan 'blandito' no os haga pensar que no voy a ser crítica con vuestros escritos, ni mucho menos, aquí los espero sin concesiones, más rigurosa y exigente que nunca.



martes, 29 de septiembre de 2015

El primer relato

 El primer relato es la puerta a una nueva dimensión

Todo escritor tiene su primer relato, su primera obra que ha escrito pensando en que otros la lean. No valen redacciones escolares ni cartas furtivas a amores de verano. Es una historia perfecta indistintamente del número de páginas que ocupe o incluso del género al que pertenezca.

El primer relato es la puerta a una nueva dimensión, una en el que vivir es una excusa para encontrar nuevos relatos, nuevas emociones que transcribir en palabras. No importa si se consigue el éxito, lo que importa es el ritual de tener que expresar historias que nos queman por dentro. Cuando se abre esa puerta es difícil que se vuelva  a cerrar, las rutinas del sueño, o del pasear en calma buscando la paz con nosotros mismos se acaban para siempre. Porque en cualquier momento volverá aparecer esa semilla, la de la historia perfecta: la vemos unos segundos, la sentimos unos instantes y nos puede llevar una vida pasarla al papel.  Y lo tendremos que hacer, mal o bien es otro punto que no importa ahora.
Todavía recuerdo mi primer relato, llegó un día de reyes paseando temprano por la orilla del mar. Fue una fuerza que me empujó a escribir nada más regresar a casa. Solo fueron ocho páginas que nunca nadie ha leído, pero esa historia breve, emotiva y triste, nació, creció y murió en palabras. Un regalo de reyes que está por abrir.

¿Cuál fue tu primer relato?

Post data: Nunca he editado obras escritas por mí. Y muy pocos amigos íntimos han podido leer alguna de mis obras, ¿por qué? Porque son muy malas y hay demasiado de mí en ellas.