Editar, leer y vivir entre letras. Un poco de todo y un mucho de nada en general.
jueves, 2 de febrero de 2023
Problemas de vida y problemas de muerte
martes, 5 de abril de 2022
Otro 5 de abril, sin pizza ni manzana
Yo sé que me miras aunque no te veo, he aprendido a reírte cuando nadie me ve. Sobretodo por la mañana, mientras preparo el desayuno y aún no ha salido el sol. A veces hablas tan alto que me giro para mandarte callar y no estás, y me río. Un río de sonrisas que me parte en cien pedazos de mí que no olvidan el ayer. Aquellos cinco de abril de tu cumpleaños, tú cenabas pizza y yo una manzana, era vegetariana.
Sigo en mi cuarto menguante, habitando
cuerpos durante noventa minutos. Perdiéndome entre abrazos sordos, más
bonitos que aquellos otros que no me dejaban respirar, los que dicen que sanan,
pero ahogan. Los que te sacan todo el aire con un ruido peculiar y te hacen
daño sin querer sino por querer. Tengo más claro a dónde no quiero
volver que a dónde voy, volvería a nosotros, pero es una realidad que solo
vive en mí, mi metaverso particular, el espacio-tiempo real me lo impide. No te
reencarnes, por favor, a mí me quedan cinco minutos de vida, a tí un suspiro de
eternidad. Tú eres la infinitud y yo una simple torpe con lateralidad confundida.
Mientras vivías te imaginé feliz,
en la casa de mis sueños haciendo los tuyos realidad. Pero tus sueños eran yo,
y yo una insomne crónica, cuando desperté de mi pesadilla tú ya te habías ido sin avisar, de puntillas como cuando me quedaba dormida en tu cuarto y tú sacabas al perro sin
hacer ruido para no despertarme. Seguí dormida hasta un amanecer que no llegó nunca,
mi mundo se volvió noche para siempre, una noche de estrellas y luna menguante
en la que me columpio imaginando tu vida perfecta en alguna estrella lejana,
desarrollando nuevos lenguajes de comunicación entre mundos y agujeros negros. ¿¡Me
copias!?
Dicen que las personas buscan su mitad, yo me sobro entera y a veces me sumo a algún cuerpo que despierta de su letargo entre mis abrazos sordos, elevándose hasta una ilusión imposible. Un final decodificado por un texto enviado con un «piensa en nosotros», al que mi cerebro se bloquea con un, «otra vez», y el algoritmo de desconexión se inicia con un «tenemos que hablar». Hablar para decir adiós, se que te ríes cada vez que lo hago, sé que te diviertes en tu perfecto silencio sonoro de mí. Soy tu humana favorita en una eternidad sin humanidad. Pero cada cuerpo extraño de mí se empecina en hablar de «nosotros», todos olvidan que yo me conjugo en singular. He desarrollado un complejo sistema anti vidas ajenas, se activa cuando percibe algún atisbo de acomodamiento emocional de un tercero, ¡qué confianza tan aventurera! Pensar en mí como en «nosotros», sin pedir permiso. Mi mecanismo algorítmico anti posibles mitades se activa de forma infalible con un «borrar contacto», así pasan a la lista de amores perfectos con licencia a ser olvidados. Y yo quedo libre para buscar otro cuerpo en el que intentar buscarte. Sabes que me gusta, me gustas, me gustan, todo de todos. Y tú disfrutas mirando desde el otro lado, diciéndome, «no lo veo para ti, siguiente», tal cual hacías con mis andanzas entre pizzas y manzanas.
Y entre tanta fruta prohibida, soy yo el fruto de aquello que nunca sembraré. Pero la vida siempre me dice ven, pero jamás me enseña aquello que no puedo ver, a ti. Parece que tengo mucho, pero solo me tengo a mí, soy poca cosa, pero bastante esencial en mi vida, la de aquí. La que ya no es la tuya, no sé porqué el destino me eligió a mí para seguir aquí, cuando tú eras el genio. Ando detrás de tu genialidad por la Tierra, y solo queda uno de los de aquella época. Lo sigo, y en cada conferencia, pienso que tú le esperas entre bastidores, pero solo hay nada, una nada infinita que respiro, y me llena de recuerdos que me empujan en mi camino, esa nada que vive en mí y es mi mejor amigo. Una nada conocida con la que puedo hablar a cualquier hora. Lo bueno de nuestra perfecta amistad, como antes, es que no hace falta que te explique todo lo que vivo porque tú ya lo sabes, es una relación cómoda, no tienes competidores. Nunca los has tenido.
Como buena gata, la curiosidad me provoca y los retos me atraen, sigo buscando por mero placer, para poder arañar y ronronear un rato, la soledad infinita me ha convertido en una cazadora de almas sin corazón. Soy un robot, ¿te acuerdas? Sigo siendo Arale, preguntona y curiosa. Juego, seduzco, acaricio y con un zarpazo me vuelvo a mi madriguera sin conexión. Siempre es el mismo final. Una posición cómoda, un margen perfectamente delimitado. Mi margen, donde el fuego no me alcanza. Porque todos son fuego, y yo tengo miedo a arder. Siento que te has escondido de mí. Tu marcha fue tu mejor venganza. Perdí la batalla, me convertí en cero para siempre. Me falta el uno, así no hay fórmula posible. Soy un robot sin corazón ni sistema operativo que busca configurarse.
Dicen que todo
va y viene, pero tú solo te fuiste y los dos olvidamos el billete de vuelta. Y te fuiste, sin avisar. Te fuiste aunque yo te dejé primero. Me hubiera
gustado ir contigo aquel día en aquel coche. Nuestro último viaje, o no,
hubiéramos parado para comer una pizza, porque yo ya no soy
vegetariana, ¡bueno, a veces, un poco! Dicen que en el Universo, allá donde
estás, no hay luz, es todo oscuridad, pero también dicen que el amor es ciego
por lo que nos daría igual.
¡Feliz cumpleaños! 54 ya, pero yo
llegué primero, aunque me iré la última.
PS: el texto lo he construido,expresamente, con citas de canciones de Beret. He indicado en cursiva las frases
de su autoría. ¡Grande Beret! Gracias por romperme el corazón cada vez que te
escucho.
Texto original 05/04/2022
domingo, 14 de marzo de 2021
365 lunes
El viernes 13 de marzo de 2020 fue mi día 0. El inicio de un periodo atemporal de 365 lunes que parece empieza a llegar a su ocaso. Vuelve a ser primavera, ahora hay un sabor a atardecer infinito de color grisáceo. Se percibe un fuerte deseo de que llegue el martes. Un martes aburrido y normal de 24 horas. Quién imaginaba que íbamos a anhelar los días de pocas horas y de muchas actividades que solo nos hacen perder el tiempo. El ir de aquí para allá, aunque sea sin sentido, se ha convertido en un acto de rebeldía. Quién hubiera dicho que perder el tiempo como mejor nos plazca es un derecho fundamental del ser humano.
Dicen los Estados y sus estadísticas,
todopoderosas, que vamos a ser mejores personas: más higiénicas, más humildes y
más ecológicas. Me cuesta mucho sentirme mejor que hace 365 lunes: mis células
han envejecido, mi cuerpo se ha oxidado por la falta de ejercicio físico y mi
mente tiene agujetas por exceso de uso.
Todo lo que no hice el día 0 nunca será hecho. Se perdió en alguna
dimensión espacio-tiempo que ya no me interesa. Lo curioso es que solo una
acción, que no acabé en aquellos momentos de la última semana de siete días, ha
vuelto a llamar a mi puerta. Sabía que ocurriría, porque así lo he deseado
durante los 365 lunes. He trabajado y trabajo para hacer ese proyecto realidad
y toda circunstancia en mi vida que no esté a la altura de ese objetivo,
sencillamente me aburre o, se desvanece por el propio fluir de un lunes infinito,
normal y corriente.
Siempre habíamos dicho que los lunes eran duros, el día de inicio de todo,
vuelta al trabajo: producir, crear y avanzar. Así son los lunes. Y los últimos
365 lunes me han transformado en la columna principal de mi mundo, si yo me
quiebro los lunes desaparecen. Sin duda, he jugado en casa, como pez en el agua
me siento, porque los lunes siempre han sido mi día favorito y jamás pensé el
vivir una vida plena en un lunes de 365 días.
Dicen que hemos vivido una guerra, algo pandémico y global. En mi ejército
de vida no hemos tenido bajas, en mi legión de extraños amigos, sí. El bicho se
ha cobrado vidas, incontable e innombrable legión de ilusiones quebradas por
falta de oxígeno. El martes siguiente nadie las recordará porque solo importará
llegar al viernes. Todo por un fin de semana, 48 horas de hacer lo que quieras sabiendo
que volverá a ser lunes. Habrá lunes de regreso y lunes de ser un domingo más.
Personas que no van a volver a trabajar ni a ser lo que eran, náufragos de un pasado lejano y certezas de un futuro a
la deriva.
365 lunes viviendo como muertos durmientes por miedo a morir. Los números
se han vuelto líquidos, se les van los decímales y las unidades de mil por
agujeros invisibles. El tic-tac de las agujas del reloj enmudeció y se abrió la
dimensión donde habitan los sueños de Dalí. El maestro de los lunes eternos y
de los espacios oníricos que dormían tranquilos hasta que el primer lunes de
365 días los despertó. La noche desapareció, todo era día, luz y destellos
deslumbrantes aun teniendo los ojos cerrados. Hemos paseado 365 lunes por el cementerio
de nuestra propia vida.
Cómo saber mañana, lunes, 15 de marzo de 2021, que será un lunes más o el
lunes, 366, de la nueva normalidad. El Estado nos garantiza solo dos semanas de
normalidad comparada, mientras nos exige que le entreguemos nuestra lealtad por
cuatro años. ¿Cuántos lunes caben en esos cuatro años? Nadie lo sabe. Yo, por
si acaso, sigo en modo lunes unas cuantas semanas más y solo intercalaré algún
fin de semana entre un miércoles y un jueves, lo que todavía no tiene nombre,
propongo llamarlo «miersamingo», dícese del fin de semana que puede ocurrir entre
un miércoles a un domingo en la era de los lunes de 365 días. ¡Feliz lunes!
Fuente consultada: ninguna
Fuente de inspiración: Alicia.
martes, 16 de febrero de 2021
Persona o ciudadana
Hace unos días, escuchando a un youtuber hablar sobre sus razones para no votar en las pasadas elecciones, me surgió la necesidad de aclararme con el concepto de ciudadano. El periodista en cuestión se sentía traicionado y defendía su decisión de no votar como ciudadano libre. En el preciso instante de empezar a teclear mi respuesta a su sentimiento pensé cómo puede ser ningún ciudadano libre alguna vez.
Ciudadana es, en sí misma, una palabra excluyente
Los años fueron pasando se fue preparando un nuevo concepto de ciudadano
libre, fraternal e igualitario que la Revolución Francesa enalteció como avance
histórico, sin duda lo fue, aunque una vez más se olvidaron de incluir a
mujeres, niños y esclavos. Los pocos ciudadanos libres del momento empezaron a
votar. Claro está a votarse entre ellos con total libertad y fraternidad.
Casi doscientos años más tarde, en algún momento de este tortuoso camino de
evolución histórica alguien nos ha estafado. Así me siento, porque no veo nada
bueno en ser ciudadana. Los políticos o lo que es igual, las monarquías
dirigentes*, sean de una lateralidad u otra, son los únicos ciudadanos libres porque no son
juzgados, pueden contratar y dar trabajo a sus familias y amigos, el ejército y
las fuerzas de seguridad les protegen, tienen recursos sanitarios directos e
inmediatos, y dispondrán de retribución económica de por vida. Son libres de casarse
entre ellos y compartir cargos públicos…Algo imposible para el resto de ciudadanos, supuestamente igual de libres.
Los ciudadanos confraternizan y legislan, las personas nacen, crecen y se reproducen
– si les apetece-
Pido permiso para devolver mi libertad ciudadana, -el pack completo-, hasta
que incluya el mismo equipamiento de serie que el de los políticos, altos
funcionarios y monarcas. Mientras llega ese momento, decido ser persona, así
sin más. Prefiero ser persona que ciudadana porque es algo que eliges y
construyes cuando naces como ser humano.
Ser persona es más fácil solo tienes que ser tú, lo que ya es suficiente tarea.
Puedes reír, llorar y opinar. A nadie le importa, ni nadie te juzga cuando eres
solo una persona más. No necesitas patria, ni estado, solo una tierra con mar o montaña. A las personas se les
recuerda por su aroma, su sonrisa, por su voz. A los ciudadanos se les recuerda
en los libros de historia por lo que
escriben otros ciudadanos de ellos. Los ciudadanos son gobernados por el Estado
y la patria. Las personas por la familia y los amigos. Los ciudadanos reconocen
y normalizan la jerarquía. Las personas reconocen la diversidad. Las personas son libres desde
el minuto cero de su existencia, no necesitan votar para tener libertad. Los
ciudadanos solo tienen libertad cuando el Estado decide convocar elecciones.
Los ciudadanos confraternizan y legislan, las personas nacen, crecen y se
reproducen – si les apetece-. La persona se elige a sí misma, es el grado
máximo de libertad poder no ser tú mismo, sin identidad, pero con personalidad.
Un ciudadano no tiene personalidad solo identidad. Una persona nace para ser
amada. Un ciudadano se crea para ser respetado. Lo más bonito que se le puede
decir a otra persona es te quiero. Lo más bonito que se le dice a un ciudadano
es llamarlo patriota. Ser persona es un don natural. Ser ciudadano es un derecho civil… Dos mil y pico de años han conseguido crear al esclavo
perfecto: aquel que elige, -votando-, a sus amos como acto de libertad.
Ser ciudadano está sobrevalorado, si probáis a ser personas seréis más
felices, aunque no votéis.
* Uso el término, «monarquías dirigentes», expresamente porque apenas existen diferencias entre los privilegios de cualquier monarca y los dirigentes de los estados.
martes, 22 de diciembre de 2020
Esta navidad, prometo
¡Vuelve a ser navidad! Quien nos hubiera dicho que echaríamos de menos la navidad con su atrezzo o escenario sobrecargado de propósitos. Después de nueve, 9, meses de movimientos restringidos, de espacios cerrados, de sentimientos higienizados ya no nos reconocemos y echamos de menos cosas que antes se nos antojaban ridículas y fastidiosas.
Por si acaso, yo voy a prometer pero sin desear. Si alguien no comprende la
diferencia, creo que desear es volátil mientras que prometer implica acción y el
compromiso de hacer lo que has
prometido. Las promesas dependen de ti, los deseos existen en una dimensión
imprecisa, las promesas están aquí cerca nuestro, solo hay que ponerse a ello.
Prometo
Prometo cruzar la península en coche.
Prometo estar con los que pronto ya no estarán.
Prometo vivir cada día como el día que es: lunes,
martes...
Prometo pagar yo el café en mi próxima reunión de
trabajo.
Prometo recorrer los caminos que me quedaron por recorrer.
Prometo no enfadarme cuando alguien me empuje en
un bar lleno de gente.
Prometo reírme cuando me digan que mi generación
nunca ha sufrido una guerra.
Prometo pintarme los labios cada día para lucir mi
sonrisa a pesar de que no es perfecta.
Prometo dar la mano, abrazar y besar para saludar
o despedirme de las personas.
Prometo no enfadarme cuando se hayan agotado las
entradas de un espectáculo.
Prometo no jugarme la vida haciendo tonterías,
porque tener salud es la mejor de las propiedades.
Prometo no huir del amor porque el amor me ha
infectado y no quiero ninguna vacuna.
No más mascarillas.
No más aforos reducidos.
No más domingos eternos
No más videoconferencias.
No más cierres perimetrales.
No más distancia de seguridad.
FELIZ NAVIDAD 2020
No sabía cómo
felicitaros estas fiestas y compartir
con vosotros mis mejores promesas, que no deseos. No puedo imaginar cómo podéis
sentiros aquellos que habéis perdido a personas por causa de este virus. No hay
espacio para la ironía en tanto dolor.
Deciros que la muerte es la mayor afirmación de la vida, que por eso la gente
hace cosas extraordinarias cuando sabe que va a morir pero no hay consuelo cuando
entendemos que también las personas que más queremos morirán y pueden hacerlo
todos los días. Está permitido llorar, está permitido enfadarse pero jamás
deprimirse. No podemos dejar de celebrar la vida a pesar de que la muerte esté rondando
cerca, muy cerca. Por esas «sillas vacías», tenemos que celebrar este año todo
con más fuerza. Porque no dejamos de ser hijos cuando nuestros padres se van,
ni nietos, ni madres o padres. No nos convertimos en huérfanos por la muerte de
un padre o una madre. Ni dejamos de ser madres por el fallecimiento de un hijo. Seguimos
aquí y debemos de ser las personas que fuimos cuando ellos, los que ya no
están, estaban. Porque la muerte no nos cambia solo nos hace llorar. La muerte
nos recuerda que estamos vivos y que somos libres para morir. Depende de
nosotros elegir la vida, y prometo vivir, solo eso, vivir el 2021.
¡Permaneced sanos!
domingo, 23 de agosto de 2020
Vacaciones «made in Spain»
Se me supone de vacaciones, exactamente llevo seis semanas más una sin trabajar. Hay que tener en cuenta que en mi caso entiendo que trabajar es el acto de escribir para mi revista, agencias de noticias, proyectos varios así como escritores despistados que buscan orientación literaria, suena irónico que yo pueda orientar a nadie.
Trabajar puede ser un verbo con varias acepciones, la RAE vincula el trabajar
a realizar una tarea con esfuerzo en casi todas las definiciones que propone.
Es curioso que solo en una de ellas, nuestra Real Academia define trabajo con
«tener una ocupación remunerada en una empresa, institución, etc.» Para mí «trabajo»
no significa esfuerzo ni tampoco ganar dinero, siempre. Porque en mis supuestas
vacaciones he trabajado y he ganado dinero a la vez. No voy a entrar en
detalles porque sería complicado definir todas las ocupaciones y actividades
físicas y mentales que he desarrollado en mi «periodo vacacional», lo único
cierto es que decidí darle un descanso a mis dedos delante del teclado y al
eterno estrés de la página en blanco del Word, cerré mi email y desconecté mi
teléfono más de ocho horas al día. Confieso que la semana pasada, que era mi
semana siete de descanso, abrí tres páginas en blanco y las guardé con vínculos a páginas web e ideas flotantes para próximos artículos. Conseguí engañar a mi
deseo de volver a la rutina y continué de vacaciones; Lo que ha sido
absolutamente agotador pero altamente recompensado.
Una parte de mí se siente por fin integrada y patriótica al haber hecho
vacaciones en agosto. La verdad es que jamás imaginé que la actividad se
detuviera incluso saliendo de un confinamiento de tres meses y ante un caos
económico como el que vivimos. Los patrióticos de cabeza erguida siempre besan principios como «Dios, Patria, Rey» Pero jamás
se menciona a Agosto, sí, como suena, el
mes de agosto es el eterno no-mencionado en el manual del buen ciudadano
español. No hay principio religioso, ni libertad constitucional que produzca
más aceptación popular que las vacaciones de agosto. ¿Qué el mundo tiene una
pandemia? Pues nos vamos de vacaciones. ¿Qué hay un millón y medio más de
parados, sin contar las personas que están en ERTE? Pues nos vamos de
vacaciones…
¡No hay nada mejor que ser optimista! El 1 de agosto se publica que el
Covid ha reducido el PIB español en un 18,5% y como se esperaba una reducción
del 22%, ¿qué hacemos? Irnos de vacaciones para celebrarlo. Si es que todo
podría ser peor, por supuesto. Podría haber más de 40.000 muertos y sumando,
pero las calculadoras del estado se han parado en la cifra de 28.000 muertos y
pico. Siento lo del pico, suena irrespetuoso para los muertos que se excluyen,
pero como soy de letras me cuesta diferenciar entre números naturales y
números políticos.
¡Por fin he hecho vacaciones en agosto, como la familia real, el Presidente y la mayoría de funcionarios y políticos! Me llena de orgullo y satisfacción como autónoma, poder gritar esta exclamación. Es complicado detallar todo lo realizado durante estos 42 días, resulta más interesante compartir lo que he sentido: He entrado en un estado como decía aquel título de un libro, « Qué esperar mientras estás esperando», no encuentro una única palabra que defina mi estado emocional de estas semanas, tal vez la expresión « calma expectante», por contradictorio que suene.
Es un estado en el que me reconozco bien pero
percibo que todo aquello que me rodea, y no puedo controlar, está moviéndose
hacia una dirección que desconozco. Sufro un efecto madriguera fuera de
temporada, porque normalmente me llega en octubre, con el otoño, pero este
verano he sentido la necesidad de quedarme aquí, mirar, escuchar, sentir y evitar
(a otros seres humanos). Intentar descifrar lo que susurra el viento, tal vez, solo lo percibo yo
porque soy aire, por ser acuario, pero hay susurros que me hablan y que no
entiendo.
Sufro otro síndrome, el del silencio. Algunos convecinos entenderán a lo que
me refiero. Después de 25 años conviviendo con un tráfico aéreo internacional
de avión por minuto aterrizando y despegando, resulta realmente extraño el
estar en silencio en cualquier parte de mi casa, de mi barrio y de mi
municipio. Alguien se plantea qué será de nosotros cuando se recupere el
tráfico del aeropuerto internacional del Prat y volvamos a nuestra normalidad
pre pandemia de un avión aterrizando cada tres minutos…Este síndrome, sin nombre,
tal vez nos ha hecho escuchar todo el silencio que antes no percibíamos y podemos
dibujar futuros que no escuchábamos por haber desarrollado la capacidad de
aislarnos del ruido que en realidad es la capacidad de aislarse del silencio.
Tengo que dejaros porque debo prepararme para volver a mi trabajo, lo que
es un placer inmenso, con lo que según la definición de la RAE resulta que mi vida transcurre en un estado de período vacacional durante unos 365 días al año, y por esa razón
adoro los años bisiestos como este, aunque venga con pandemia incluida y
vacaciones «made in Spain» durante el
mes de agosto.
¡Cuidaros y
permanecer sanos!
domingo, 7 de junio de 2020
Adiós confinamiento
Parece que esto, «el confinamiento», llega a su fin. Qué certero es aquel
dicho que nos recuerda que « todo pasa». Es la primera vez que me enfrento a la despedida de un confinamiento. Desconozco si sabré cómo hacerlo. De hecho
no tengo claro si deseo dejar de estar confinada. Lo poco que he visto del mundo
exterior esta semana me invita a pensar que hay una diferencia sustancial entre como
me siento y como lo hacen mis congéneres. Percibo que la sociedad ha puesto el
piloto automático de la normalidad. Me desconcierta la distancia que hay entre lo
que dice y dicta el gobierno y lo que hacemos y vivimos los ciudadanos en las
calles.




