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martes, 9 de agosto de 2016

Palabras que mienten

Existen palabras que mienten aunque sean verdad.  Verdades que ya forman parte del saber colectivo y que en muchas ocasiones necesitamos que sean ciertas, pero, en el fondo sabemos que no lo son. 
Os dejo unos ejemplos, como siempre, poco científicos y en clave de humor e ironía consecuencia de  mi estado emocional en este mes atípico.


¡A la vejez, maduras! Una afirmación que no tiene nada de verdad, porque a la vejez envejeces pero no está directamente relacionado con la madurez. Tampoco con la sabiduría, puras leyendas de palabras y letras bien sonantes.
¡No se puede ser tan ingenuo!   La mayoría de nosotros usamos esta afirmación para indicar algo parecido a “no se puede ser tan tonto”.  Pero  , ¿por qué no? Prefiero pensar que ser ingenuo viene de la unión entre “In” y “Genio”. Con lo que no es negativo ser ingenuo, implica tener “genio” dentro, ser ingenuo conlleva inteligencia, como mínimo emocional. Los niños son ingenuos, no puede ser malo. La RAE da dos opciones de sinónimo para ingenuo: una en la línea de bobo, cándido…Y otra en la de avispado y astuto. Me quedo con la última.
Después de un mal final siempre hay un buen principio. ¿Seguro? Yo creo que después de un mal final viene la calma, porque debería ser obligado que cuando algo sale mal descansen los malos farios y le dejen a uno en paz por un rato.
¡El dinero no da la felicidad!  Y que más le dará al rico en cuestión. Porque si el dinero no da la felicidad, como mínimo lo que consigue es una imitación de lujo. Más vale una réplica falsa de la felicidad que una tristeza auténtica y profunda.
¡Elemental, querido Watson! Pues esta muletilla es una invención del guion de la película protagonizada en 1939 por Baril Rathbone y nunca fue parte de la novela original Sherlock Holmes escrita en  1887 por el escritor escocés sir Arthur Conan Doyle.
¡Por la oreja de Van Gogh! Esta afirmación nace de la leyenda sobre Van Gogh, cuenta que se cortó una oreja en una de sus crisis allá por el año 1888, pero en realidad solo fue una pequeña parte del lóbulo izquierdo que apenas se apreciaba. Otra verdad a medias, pero hay que agradecer a esta falsa verdad que inspirara a unos de los mejores grupos de música que ha habido en España, La Oreja de van Gogh os dejo un link a una de sus canciones, por si no lo conocíais, Cuéntame al oído, una de mis favoritas.

Espero  haber conseguido una sonrisa de alguno de vosotros tras leer estas líneas, y recordad al escribir que no todo lo que es afirmativo es positivo, ni todo lo que dice ser verdad es cierto

jueves, 5 de mayo de 2016

Escribir no es mentir

“Para ser escritor de novela hay que saber mentir, y mucho”…

Ficción emotiva o ciencia
Esta es una cita de una conversación con un conocido el Día de Sant Jordi, cuando le dije que era editora y hablábamos sobre uno de los libros de la editorial. Sobra decir que no compró el libro, se limitó a ojearlo con arrogancia y menosprecio para acabar con esa frase que por desgracia me resulta bastante familiar.

, me resulta familiar porque en mi cabeza tengo ecos lejanos de la voz de mi padre en la que me decía: “qué manera de malgastar tu tiempo leyendo cosas inútiles”. Porque él solo leía libros tecnológicos y científicos aunque con el tiempo ha aprendido a leer los libros que edito,  sabe que nunca le preguntaré si le gustan o no.

Ahora, con la perspectiva que me dan los años, como hija de una familia tecnológica y como madre de niños, o pequeños hombrecitos ya, que también son científicos, rompo una lanza en favor de la ficción de los textos escritos porque nada tienen de mentiras, puede que sí de fantasías y de anhelos, pero no me creo que exista algún ser humano que no desee algo o que no sueñe con ilusiones inconfesables. La diferencia entre un escritor de novela y un científico es que el escritor se enfrenta a sus sueños e incluso a sus miedos a través de historias de ficción mientras que el científico las esconde en los lugares más secretos de su hemisferio izquierdo.

Si bien, existen grandes novelistas que han sido científicos por ejemplo Sir Arthur Conan Doyle, médico inglés autor de las aventuras de Sherlock Holmes, por supuesto Isaac Asimov, bioquímico y gran escritor moderno de  literatura de ciencia ficción, Lewis Carroll, matemático por Oxford y creador del emotivo Alicia en el País de las Maravillas...

Lo fácil para muchos es etiquetar, excluir y separar. Pero no existe  casi nada científico sin su parte emocional u orgánica.

Con la ficción se pueden aprender muchas cosas: esta semana hablando con un escritor le llamé la atención sobre un escrito en el que hablaba de caricias y abrazos sonoros. Le dije que “sonoro son los besos y no los abrazos, las caricias no hacen ruido”, afirmé. Sin embargo él me explicó que el que abraza a veces hace ruido para abrazar más fuerte. Y que las caricias pueden provocar ruidos y gemidos…Hasta ahora había leído sobre caricias que cortaban, o excitaban..., abrazos que asfixiaban, o alegraban, pero nunca que produjeran ruido. Con lo que tendré que ser más empírica y probar otro tipo de abrazos y de caricias, eso no se puede aprender en libros de ciencia.