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martes, 3 de enero de 2017

Leer implica vincularse


Feliz 2017 desde un espacio no digital, parece ciencia ficción pero es mi vida real, sin servidores, sin las webs operativas, sin actuar en Facebook. Todo está “de revisión y ajustes”. Es algo parecido a “hacer stock” en las empresas de cosas físicas. Las que estamos en internet también tenemos que ajustar y reajustar cosas. Mientras, facturamos y contamos descargas, analizamos comportamientos e intentamos prever qué querrá el lector en el 2017. Estamos releyendo obras que serán impresas. Y obras impresas en otros países que traduciremos. Eso es un gran reto, y vuelvo a tener mariposas editoriales revoloteando en mi estómago. Es una gran responsabilidad tener un título que es un éxito en otro país y presentarlo en tu idioma. Vamos a apostar por el papel sin dejar de tener la presencia en el ciberespacio porque creo haber encontrado la causa de la falta de éxito de las descargas de libros digitales: la vinculación. 

Cuando compras un libro en papel te vinculas a él, te comprometes a leerlo, es una responsabilidad de dos: el libro que está ahí y tú. Una pareja perfecta que puede existir sin molestarse. Un compromiso que se adquiere en una librería y que se desarrolla en la alcoba o en el salón, lejos de la mirada ajena. Pero las descargas vinculan en sí mismas, es una acción que implica un “sí quiero” para siempre y dura segundos el efímero clic.

Mientras que comprar un libro puede ser un mero capricho de comprador compulsivo o un regalo para un tercero, una descarga es una voluntad de compromiso de lectura casi obligado. ¿Quién descarga para no leer? ¿Y quién quiere una vinculación para toda la vida? Habiendo opciones más discretas, si compras un libro y no te gusta, lo dejas en la estantería y sales a comprar otro. Sin embargo si un ebook no te ha gustado, qué haces con él, queda almacenado en la estantería virtual de alguna aplicación de lectura. Pero nadie más puede verlo, no lo sacarás para quitarle el polvo, ni mirarás si te has dejado un puntolibro entre sus páginas, tampoco irás a releer la dedicatoria que quizás alguien, que se ha cruzado en tu camino, haya querido dejarte escrita en la primera página.

¡Ya estamos en 2017! y suena a futuro pero es el presente. Vienen los reyes cargados de regalos y la mayoría de las personas está todavía entre turrones y polvorones pero yo ando con los nervios a flor de piel porque solo pienso que “pasado mañana” es Sant Jordi y hay mucho por hacer. Siento que el país lleva aletargado desde el “black Friday” que os recuerdo fue el 24 de noviembre y como hubo el puente-acueducto de la Purísima sumado a más ganas de vacaciones de navidad, con tanto empacho de fiesta y de parón nacional, aquí todos a correr porque se pasa el año en cuatro días. Y los objetivos de principio de año, como nos descuidemos, ya mejor los dejamos para el siguiente por aquello de no precipitarnos. 

Para los lectores curiosos, no he hecho lista de propósitos como anuncié en Facebook, solo quiero acabar los que me faltan de 2016, que son muy pocos. Cuando haya acabado esos pues formularé nuevos, siempre me queda llegar a tiempo para el año nuevo chino que es en febrero. De hecho ahí empieza siempre mi año. ¡Sed felices!

miércoles, 19 de octubre de 2016

Despegando

Estoy despegando hacia Frankfurt, vuelo hacia la feria del libro más grande del mundo, el avión está lleno de escritores que intentaran vender su libro, editores aburridos de lo que venden, ejecutivos del márquetin y la comunicació. A medida que me adentro en un aeropuerto me siento más libre, una vez en el avión es como el trampolín hacia la nada. Despegar del suelo implica un espacio sin apegos. Desarraigarse de nuestra propia vida. Durante unos instantes te desplazas por el aire sin ningún lastre emocional de los que nos atan al suelo.  El sol y la luna juntos, nubes de fuego delimitan el horizonte como una zona a la que solo se puede mirar pero no hay forma alguna de llegar.

Esta sensación de andar sobre el cielo, de acercarse a  ser dios sin dejar de ser humano, solo hay otra forma de conseguirlo: escribiendo.

Escribir nos permite desarraigarnos de todo lo que somos y poder ser todo lo que nos gustaría. Escribir nos desconecta del mundo como lo hace un avión volando a 10.000 metros de altitud. Nos permite crear personajes a nuestra imagen y semejanza. Podemos construir villanos y princesas, caballeros y criaturas que jamás han existido, todavía. Mundos paralelos o bien un mundo sin todo lo que nos disgusta. Escribir te permite ser el protagonista de tu historia o bien un personaje secundario que puede estar en todas las escenas sin ser visto. Puedes ser hombre, o mujer, animal o cosa, crear vida o arrebatarla. Y sin coger un avión. ¿Qué más se puede pedir?

Me temo que siempre se puede pedir algo más, una única cosa que completa el poder de  escribir, sin la cual ser dios o humano no tiene la menor relevancia: que te lean.


Y es justo por eso que estoy aquí, caminando por las nubes, por este espacio donde solo habitan los ángeles  en el que entro y salgo a mi voluntad, incluso sin necesidad de un avión. Estoy aquí para intentar que nos lean, a nuestros títulos. Poder verlos traducidos y en librerías de otros países. Estoy aquí para decirle al mundo que hay mucho publicado pero que lo que nosotros tenemos es realmente único y especial. Solo vuestro, solo nuestro, y espero que dentro de poco algo más de todos.