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miércoles, 19 de octubre de 2016

Despegando

Estoy despegando hacia Frankfurt, vuelo hacia la feria del libro más grande del mundo, el avión está lleno de escritores que intentaran vender su libro, editores aburridos de lo que venden, ejecutivos del márquetin y la comunicació. A medida que me adentro en un aeropuerto me siento más libre, una vez en el avión es como el trampolín hacia la nada. Despegar del suelo implica un espacio sin apegos. Desarraigarse de nuestra propia vida. Durante unos instantes te desplazas por el aire sin ningún lastre emocional de los que nos atan al suelo.  El sol y la luna juntos, nubes de fuego delimitan el horizonte como una zona a la que solo se puede mirar pero no hay forma alguna de llegar.

Esta sensación de andar sobre el cielo, de acercarse a  ser dios sin dejar de ser humano, solo hay otra forma de conseguirlo: escribiendo.

Escribir nos permite desarraigarnos de todo lo que somos y poder ser todo lo que nos gustaría. Escribir nos desconecta del mundo como lo hace un avión volando a 10.000 metros de altitud. Nos permite crear personajes a nuestra imagen y semejanza. Podemos construir villanos y princesas, caballeros y criaturas que jamás han existido, todavía. Mundos paralelos o bien un mundo sin todo lo que nos disgusta. Escribir te permite ser el protagonista de tu historia o bien un personaje secundario que puede estar en todas las escenas sin ser visto. Puedes ser hombre, o mujer, animal o cosa, crear vida o arrebatarla. Y sin coger un avión. ¿Qué más se puede pedir?

Me temo que siempre se puede pedir algo más, una única cosa que completa el poder de  escribir, sin la cual ser dios o humano no tiene la menor relevancia: que te lean.


Y es justo por eso que estoy aquí, caminando por las nubes, por este espacio donde solo habitan los ángeles  en el que entro y salgo a mi voluntad, incluso sin necesidad de un avión. Estoy aquí para intentar que nos lean, a nuestros títulos. Poder verlos traducidos y en librerías de otros países. Estoy aquí para decirle al mundo que hay mucho publicado pero que lo que nosotros tenemos es realmente único y especial. Solo vuestro, solo nuestro, y espero que dentro de poco algo más de todos. 

miércoles, 13 de abril de 2016

¿Los libros se crean o se producen?

Esta semana en Londres, en la London Book Fair -LBF 16-, la segunda feria de la edición de libros y la venta de derechos más grande del mundo después de la de Frankfurt,  me he dado cuenta que todo el mundo quiere vender su libro. Y que la edición de contenido no es una carrera ni profesión tipificada, no hay ningún estudio universitario que te convierta en editor, es como un grado de profesionalidad artesana, yo diría artística, que solo se consigue con la práctica.
LBF 16, espacio de negociación de derechos
Si además añadimos que la edición de contenido escrito, ya sea libros o revistas, está controlada por las leyes de edición de cada país y son muy diferentes de un sitio a otro, la profesión se complica bastante.
Una de las cosas que me ha sorprendido estos días es el hecho de que hay varios países que viven de las subvenciones de su país por editar libros e invitan a otros países a solicitar esas subvenciones. Consideran  el escribir en su lengua un arte en extinción y deben protegerlo. ¡Admirable!

La relación editor – escritor puede ser lo que ellos dos quieran, es una relación comercial, privada y de ellos depende que llegue a ser personal. La confianza entre ambas figuras debe ser como la de abogado-defendido, o médico-paciente, pero desgraciadamente la realidad nos recuerda que hay muchos editores que no leen las obras que editan y tal vez ni conocen al escritor o creador de las mismas. Buscan dinero fácil, aquí y ahora, tener otra obra impresa, porque otra cosa que he aprendido estos días, es  a NO negociar con aquel que me pregunta, ¿Cuánto libros produces al año? Y  que cuando digo el número, ni me devuelve el saludo.

Mi objetivo  editorial no es producir un número X de libros al año, sino el crearlos junto al autor, distribuirlos y llegar a reimprimirlos. Lo que es el verdadero éxito para ambos. No sería mejor editora si hiciera 60 libros al año. En estos momentos si consigo que unos siete títulos puedan ser vendidos en otros países ya sería todo un éxito editorial y personal.  

Otras de las conclusiones a las que he llegado es que existe una realidad universal en la edición: el inglés es el mercado, si no editas en inglés no existes. Reino Unido y Los Estados Unidos controlan el 90 % de la producción y distribución de libros en el mundo, en todos los ámbitos, por supuesto también el académico que es un sector en sí mismo. Una de las expresiones que me llevo conmigo de estos días son las palabras de una especialista en contratos internacionales que dijo: “somos muy afortunados porque el mundo entero habla inglés”…Declaración poco afortunada ante un aforo donde la mitad de los asistentes éramos de países recónditos del planeta.

Lo único que sé es que mis obras, las vuestras, son las mejores del mundo, por sus intrigas, romances, sus sabores a Mediterráneo y que vamos a trabajar para que sean leídas en TODO EL MUNDO, hable inglés o no.