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miércoles, 17 de agosto de 2016

No malgastes tu vida con malos libros

"La vida es demasiado corta para leer malos libros"
Arthur Schopenhauer

Una afirmación comprometida pero certera, tendríamos que definir primero qué entendemos por malos libros, me temo que es algo complicado, igual que juzgar a las personas, así de difícil es juzgar si un libro es bueno o malo porque, SIEMPRE será una opinión personal. Está claro que puede haber hechos técnicos que evidencien que un libro no da la talla.

Lo realmente engañoso y doloso es que nos cuelen libros como si fuéramos tontos, segundas o terceras partes de súper éxitos de ventas que acaban tan diluidos que a veces ni el propio escritor los reconoce.

No obstante, y voy a lanzarme arena en los ojos, gran parte de la culpa es del lector. Por no protestar, ¿Alguien ha ido a una librería a devolver un libro porque no le había gustado? O sea, si unos zapatos no nos van bien podemos devolverlos, pero si un libro ,que a veces cuesta más que unos zapatos, no nos gusta, ¿por qué no se puede devolver?

Aquí van unos ejemplos, siempre desde mi criterio personal, de libros que me han desilusionado y que me ha costado mucho acabarlos y adquirirlos:

La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones. Reconozco que la he acabado y que es una gran obra pero resulta tan lenta y cansina, sobre cargada de desgracias. No he conocido otra persona que la haya acabado, todavía. Pero este libro llegó del tsunami mediático de La catedral del Mar, año 2007, fue la obra más leída en todo el mundo y lo compré compulsivamente.

Moby Dick, de Herman Melville. Lo siento, he de confesarlo,  me provocaba somnolencia sin embargo me encanta El viejo y la Mar de Ernest Hemingway y de este libro me quedó una cita maravillosa que comparto con vosotros "El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado".

El Silmarillion, de JRR Tolkien narra la historia de los Días Antiguos y la Primera Edad, desde la creación de Eä hasta las guerras de Beleriand contra Melkor. Sí, lo confieso, es superior a mi voluntad, lo he intentado varias veces, pero nunca con éxito. Sin embargo, he devorado el Señor de los Anillos del mismo autor.

La cúpula de Stephen King. Una historia apocalíptica e hipnótica. Totalmente fascinante. Para mucha gente es la mejor obra de Stephen King personalmente me encanta técnicamente como obra pero no he conseguido acabarla. Este libro descansa en mi mesita de noche de forma perpetua como una condena para él y para mí, y eso que soy una gran fan de Stephen King.

Igual que evolucionamos en la vida, también lo hacemos como lectores. Cuando somos más jóvenes tendemos a leerlo todo, lo que nos apasiona aunque nos decepcione después, pero la curiosidad y las ansias nos dominan en esos años.

Cuando los años se notan en nuestras articulaciones descubrimos que la lectura es un placer y que NO hemos venido a este mundo a sufrir, con lo que disfrutemos y leamos cosas que nos hagan gozar de uno más de los placeres de la vida: la lectura.

Compartir qué libros no habéis acabado de leer, así nos evitáis "disgustos" a los demás lectores :)




martes, 26 de julio de 2016

La maldad, recurso literario

Lo bueno y lo malo, así como existe en la vida real, también vive en los libros. Tal vez sea el encanto de no saber dónde empieza la maldad o la bondad. Ni qué implica realmente el ser una mala persona.  
Cuando pensamos en personajes literarios malvados, lo primero que nos viene a la mente son imágenes de Lord Voldemort, de Harry Potter, o Darth Vader, de las Guerra de las Galaxias, o el casi todopoderoso Sauron del Señor de los anillos.


Quiero provocaros a desarrollar personajes realmente malvados, como Víctor en La Naturaleza del Fuego, de Daniel Escriche o el joven asesino de Todo lo que sé… de Carles Edo. Personajes que se les puede tocar, acariciar, pueden ser nuestros vecinos o nuestras parejas. Viven aquí, entre nosotros, o quién sabe si con nosotros. Porque la maldad es muy astuta y se disfraza con sutilidad entre las buenas maneras. Un personaje malvado siempre se asegura que nadie de su entorno, sus amigos, sus compañeros de trabajo, sospechen de su maldad. A veces ni él mismo es consciente de su locura. Pero en los pequeños detalles del día a día aparecen sus demonios y le poseen, torturando al que tiene más cerca.  

La maldad está en nosotros, en nuestra naturaleza, como está presente en  todo el  Universo. Los personajes villanos enganchan al lector y lo seducen más que los buenos y como ejemplo el desgraciado Grenuille del Perfume (  Patrick Süskind) , o el  ciego maltratador del Lazarillo de Tormes, o el siniestro Javier Fumero de La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón.

¿Qué sería de estas novelas sin el atractivo de la maldad de su personaje? 
Nos divierte lo que nos hace reír, pero también, o incluso diría que todavía más aquello que nos asusta y nos hace sufrir.

Qué viaje más adictivo resulta empezar una historia en la que vas descubriendo poco a poco la locura y el desequilibrio del personaje como en la vida real cuando vives con alguien y un buen día no lo reconoces y solo te aterra tenerlo delante.  Así como en la vida nos apetece desaparecer y aparecer en cualquier otro lugar, en los libros nos adentramos más en la historia, casi deseamos ser ese villano y dejarnos llevar por el sinsentido inherente a todo ser humano.  Porque nada más humano que la maldad, también cuando es literaria.


Si buscáis ejemplos de perfiles psicológicos perturbados os recomiendo Megan, protagonista de La Chica del Tren de Paula Hawkins,  o bien Thomas Spencer el sociópata protagonista de La Historia de un canalla de Julia Navarro.