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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Peleas de escritores

Los que leéis este blog sabéis que normalmente comparto experiencias que me han sucedido durante la semana. Vivencias que tengan que ver con los escritores y las obras que publicamos. En esta ocasión, el centro de mi atención ha sido para dos escritores, entenderéis más adelante que no identificaré ni sus nombres ni a sus obras, que se han enfrentado entre sí usándome  a mí como interlocutora.

Dicho en una frase: dos escritores publicados en nuestra editorial se han enfrentado y se han recriminado el estilo “pésimo” de cada uno de ellos. ¡Ha sido una experiencia única!

Supongo que estaréis pensando por qué me he inmiscuido en una discusión ajena. Pero tenía que cumplir mis tareas de representante de escritores, y en ellas está la de hacer llegar la opinión de uno hacia el otro. Di mi palabra que lo haría y así lo hice.

He disfrutado de ver qué capacidad tan creativa puede desarrollar el ser humano, y todavía más y mejor el ser humano que es escritor, para atacar verbalmente a un contrincante. He disfrutado ante el análisis de cada uno respecto a la obra del otro, además de que se tratan de un hombre y una mujer, con estilos totalmente opuestos y géneros  distintos.

Alguno de vosotros puede opinar que debería  haber puesto  paz entre ambas plumas, pero de hecho es que ha resultado inspirador, y os recuerdo que ya grandes figuras literarias -Vargas Llosa y García Márquez, entre muchos otros-se han enfrentado tanto físicamente  como verbalmente.
Personalmente creo que la tensión sexual es muy mala consejera y creo que no hay mejor manera de empezar una relación que discutiendo, siempre desde el respeto y la inteligencia. De hecho yo he forjado mis amigos de la infancia gracias a peleas y  malos comienzos. Tal vez parte del encanto  de la amistad y de cualquier relación entre personas o personajes radica en el enfrentamiento, en la atracción no explícita pero sí deseada, en el  aparentar “no querer” pero  anhelar que suceda… Quien sabe si algún día en el pequeño ámbito de  Marlex Editorial nacerá una relación nueva entre escritores de géneros “literarios” opuestos y enfrentados.

Lo que sí os prometo es que las aventuras en esta peculiar familia no han hecho más que empezar. 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sexo, solo sexo


Portada boceto, estamos trabajando en ella
Hoy toca hablar de sexo, complicado, parece. Lo podía hacer desde el aspecto científico, o el filosófico, o bien desde el antropológico, cultural, fisiológico, o pedagógico…Pero  lo haré desde el literario.
Si bien la vida y mi profesión me ha llevado a cambiar mucho mi criterio sobre el sexo, gracias a nuevos proyectos editoriales basados en estudios de sociedades matriarcales en el mundo actual y gracias a novelas eróticas que han llegado a nuestra editorial y sobre las que hemos trabajado para adaptarlas a nuestros matices y a nuestra rígida sociedad europea,  he aprendido a descubrir las ventajas que tiene el hombre, como escritor, para desarrollar temas de sexo.
Curiosamente, si buscamos listas de las mejores novelas eróticas aparecen autoras y novelas recientes,  y lo hacen por sus ventas e inversión en marketing editorial pero no  por su calidad narrativa. Ahora es cuando me voy a volver a posicionar como “machista”, como me acusan habitualmente, pero precisamente todos los bestsellers que corren por los ranking de ventas son justamente eso: machistas y sexistas.
Nos venden la moto de ser liberadores por describir relaciones sexuales condicionadas a la búsqueda de dinero o a la superación de las frustraciones personales de mujeres, madres, al borde de la histeria permanentemente. Caricaturizan prototipos humanos que acaban siendo modelos para las nuevas generaciones.  Se vanagloria la prostitución como si por ser mujer, cuando necesitas dinero, ya sabes…te prostituyes y listo. Por describir con palabrotas  o usar el verbo “follar” no nos liberan como lectores.  
La naturaleza es sabia, y nos ha hecho a las mujeres multiorgásmicas para disfrutar mucho más que el hombre y compensarnos por el hecho de tener que parir. Esa es mi teoría personal, nada científica ni académica. Ello permite que la mujer consiga el éxtasis a veces solo con una acaricia mientras que el hombre permanece atento y expectante, disfruta mirando a su compañera y percibiendo cada detalle de la escena. Eso lo convierte en un buen narrador. Puede describir todo lo que ve aunque las mujeres tenemos a nuestro favor,  lo mucho que sentimos y el camino hasta llegar a esa sensación llena de matices y tonos sensitivos distintos. La mujer cierra los ojos, el hombre disfruta mirando, ¡siempre!
Con todo esto os quiero presentar nuestra nueva novela en ebook, Traición y deseo de Alfredo Cano, la hemos etiquetado de erótica. En ella el sexo es explícito y es la principal relación entre los protagonistas, secuestrados por una red de narcotráfico,  serán usados y abusados por esta a través de operaciones de venta de drogas a nivel internacional. Algunos momentos puede parecer poco creíble pero os pido que abráis vuestra mente y entendáis que el ser humano puede relacionarse mediante el acto sexual en situaciones de estrés,¡ qué puede haber más liberador! El sexo puede ser un refugio en el que se busca protección y cariño, en Traición y deseo los protagonistas lo encuentran. La amistad más pura es aquella en la que se comparte sexo  sin pretender nada más, un sexo generoso y reparador.

Nota: no he indicado ningún título de novela erótica de los listados porque todos podéis intuir a qué obras me refiero, siempre lo digo desde el respeto hacia el autor o autora, pero no quiero ayudar a difundir obras que la calidad y el tratamiento de personajes deja mucho que desear.
Fuentes :
Estudios de Louann Brizendine autora de El cerebro masculino, El cerebro femenino
Estudio de Kinsey sobre comportamiento sexual  de hombres y mujeres en 1940, EEUU
Película Kinsey, del 2004, protagonizada por Liam Neeson dirigida por Bill Condom

martes, 12 de julio de 2016

Etiquetas de la vida

Ya hemos hablado en algún otro post sobre la necesidad que tiene el ser humano de etiquetar, clasificar y colocar todo en su sitio. Pero la vida en sí misma sobrepasa la capacidad lingüística del ser humano,  es decir existen muchos más significados que palabras. Sin embargo existen palabras con varios significados. Por lo que resulta evidente que tendremos que seguir inventando palabras y expresiones que transmitan lo que realmente podemos llegar a vivir.

Esta semana he experimentado la falta de recursos que nos da la lengua para ayudarnos a describir sensaciones, en todas direcciones, en lo bueno y en lo malo. Existen tantas dimensiones que aquel popular dicho, “no tengo palabras”, refleja una gran sabiduría.

Eso nos lleva a la conclusión que cuando sentimos tanto, mejor no hablar, callar y respirar. Cuando descubres que hay estados de miedo y terror que no pueden encajar en adjetivos declinados en grado superlativo, mejor parar, quedarse quieto y no buscar palabras. Porque no existen. O bien cuando una intención de alguien te emociona tanto y te sorprende que no sabes cómo etiquetar ese sentimiento, de hecho recuerdo que a la persona en cuestión solo dije “ me emociona escuchar eso y me alegra”, algo plano y correcto mientras buscaba en mi cabeza como etiquetar la emoción que estaba sintiendo.

Es curioso cómo nos conmueven las emociones, las malas y las buenas, las malas pueden hacer sentir que sangras sin cortes ni heridas, las buenas que estás lleno de aire y puedes flotar. ¿Cómo adjetivar eso? A veces se dice “hay que hablar y contarlo” pero cómo hacerlo para que te entiendan con las pocas palabras que nos dan los lenguajes convencionales.

Estos días me he dado cuenta de la rigidez académica y emocional del lenguaje, casi tanto como la relación entre jurisprudencia y sociedad, siempre van lentas las leyes, así como no hay palabras que describan lo que sentimos con precisión y rigor.

¡Señores académicos! existen muchos tipos de miedo, y muchos estados de terror que no tienen palabras para ser definidos con precisión, así como muchas sensaciones envueltas en acaricias, deseos o tan solo en buenas intenciones de las que no podemos referirnos por resultar imposible expresar cómo nos han hecho sentir.

¡Toca seguir sintiendo aunque no se pueda explicar!