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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cuando dejas leer tus obras a amigos

¡Qué incertidumbre tan grotesca! ¿Qué hacer después de estos comentarios?
Publicar mi novela

¡Qué momento tan indescriptible es el acabar una obra, ya sea cuento o novela, y contactar con tus mejores amigos para que la lean!
 Antes que los amigos posiblemente sea la madre o el padre del escritor el elegido para esa prueba de amor que implica leer algo con el compromiso de decir qué te parece  desde el corazón.  ¡Otra prueba de padres! Que junto a soportar los festivales de final de curso e intentar hacer disfraces sin gastarse un euro, son pruebas que nos prepara la vida para justificar nuestra futura entrada en el reino de los cielos. ¡Si es que existe!
 Como escritor ese momento es lo más parecido a estar enamorado y pedirle a esa persona especial que salga contigo. La incertidumbre de si te dirá que sí o que no se convierte en una tortura. Normalmente, el no nunca lo contemplamos, así como que una obra salida de nuestras entrañas pueda  no gustarle a alguien. Cientos de miles de mariposas recorren nuestro cuerpo, apretaditas, esperando poder salir el día de vestirnos de falsa modestia y poder decir algo así como, “gracias,  no es para tanto”, “no, no la he presentado a ningún concurso”.
Pero no siempre son tan directos los comentarios y dentro de las posibilidades que un escritor desearía no escuchar  están las siguientes:

-“Pues, no, no he podido leer casi nada…” Y se añade cualquier excusa políticamente correcta.
-“Empecé, y me gustó pero una causa- desconocida en la mayoría de los casos- me impidió seguir leyendo, lo haré…”

¡Qué incertidumbre tan grotesca! ¿Qué hacer después de estos comentarios? Insistir en que la lean, reescribirla, quemarla y dedicarte a ver series de televisión como cualquier ser humano no escritor.
 Pues, amigos, ni idea. No tengo ni idea, intentad buscar una editorial (www.todosleemos.com) que te lea con sinceridad, cosa más difícil que conseguir que tus padres te digan la verdad. Lo único que os puedo decir es que sea lo que sea aquello que os digan, seguid escribiendo, porque eso os hace felices y recordad al joven Kafka quien ordenó a su mejor amigo quemar todas  sus obras después de su muerte. ¡Qué bien que no le hizo caso!, el amigo, me refiero.


P.S.: este artículo es el resultado de algunas de vuestras experiencias de escritores que habéis compartido conmigo. Espero que nadie se sienta identificado. ;)

martes, 6 de octubre de 2015

Personajes, de la ficción a la vida

 Existe una magia, una energía que debe nacer del escritor pero que él no controla.

“Los personajes son seres, ya sean humanos, animales o imaginarios, que forman parte de una obra artística”. Esta es la definición académica de la palabra personaje pero en realidad solo un escritor que haya creado cualquier texto literario sabe que hay mucho más detrás de los personajes.

Existe una magia, una energía que debe nacer del escritor pero que él no controla. Un algo irreal que les concede libre albedrío y vida entre letras. No siempre ocurre el milagro, pero cuando pasa, el escritor se convierte en el esclavo del personaje. No puede dejar de pensar en él, siente como si alguien le susurrase al oído las andanzas de ese personaje sin rumbo definido, se salta los esquemas y los diálogos preparados para él y crece como ser humano en cada estrofa. 

Cada escritor decide cómo convivir con estos personajes con alma: algunos los convierten en el protagonista, otros los eliminan mediante una muerte trágica, o bien los sodomizan condenándolos a ser un personaje secundario.
Un sicólogo podría diagnosticar el proceso como un trastorno transitorio, yo creo que es una metástasis creativa  en  la que  creación y creador se funden en una relación dependiente  y simbiótica en la que se rompen las barreras de los espacios reales y ficticios.

Cuando un personaje así llega a la vida de un escritor, lo cambia para siempre. El creador se enamora, se asombra, se deja llevar por el deseo irrefrenable de pasar más tiempo escribiendo y desarrollando el personaje en cuestión. Toda la vida del escritor pasa a ser una mera excusa, un refugio para el personaje creado que  se esconde del argumento que le espera entre líneas.

Pero la relación se acaba cuando se termina la obra.  El vacío que queda dentro del escritor es infinito. Se extraña a sí mismo. Su vida ya no tiene sentido. Ha sido Dios durante unas líneas, unas pocas palabras que crean un universo que acaba viviendo  sin su creador, el escritor. Tal vez solo vivan en un cajón o en los bits de un ordenador, pero siguen viviendo y esperando que alguien los lea para recordarles que siguen ahí.

Y  tú, ¿tienes algún personaje que te haya afectado así?

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los libros que no leemos

Los libros que leemos nos marcan la vida, pero los que no leemos nos la determinan.


Esos libros que empezamos y que por cualquier razón  no hemos acabado, pero queremos hacerlo.

Mi experiencia empírica me indica que son libros de muchas páginas, pesados y casi siempre best sellers que han sido el proyecto vital de algún escritor archi famoso norte americano. 
En ocasiones, se trata de algún regalo de un ser querido, lo que consigue hacernos sentir todavía  peor. O los compramos algún Sant Jordi en un acto de responsabilidad literaria.
Esos libros no están en la estantería junto al resto de libros, están en cualquier sitio espontáneo donde decidimos leer pero solemos quedarnos  dormidos. Y mantenemos contacto visual con ellos, yo a veces lo acaricio y lo ojeo dándole esperanzas que las trescientas y pico de páginas que me faltan por leer, las leeré mañana,  no,mejor el viernes, pero este no que salgo, el próximo...Y así lleno de falsas esperanzas se vuelve a quedar en el mismo sitio. ¡Que lástima! 
Si estáis pensando que esto es solo una reflexión  blogera, siento confirmaros que no,en mi caso tengo esos libros y son El camino de Tokaido  de Lucia St. Claire Robson y La Cúpula de Stephen King. La historia del primero es metafísica, me lo llevé el verano de 2007 a un idílico apartamento que tuve en la montaña el único año en el que he hecho 38 días seguidos de vacaciones porque cambié de trabajo. Prometí leer y hacer montaña pero sustituí lo primero por unas siestas terapéuticas extraordinarias. Aun así leí casi 500 paginas. Es mi "Don Quijote" particular, voy leyendo capítulos aunque cometí el mayor acto de infidelidad que se le puede hacer a un libro: leí el final. Eso lo cambió todo. 
Sobre La Cúpula de Stephen King, qué puedo decir, iba leyendo por la página 577 cuando llegó la serie de televisión y me quitó las ganas de seguir leyendo. Por cierto, una adaptación horrorosa, cualquier parecido entre la novela y la serie es pura coincidencia. El libro duerme tranquilo en mi mesita de noche, acostumbra a estar el último de una pequeña montaña de libros que tengo para revisar, alguna noche de insomnio repaso el índice de personajes, sí, tiene índice de personajes. Lo recomiendo para aquellos escritores que quieran un ejemplo de estructura, desarrollo y organización de personajes en un espacio cerrado. Ahora que escribo estas líneas me apetece seguir leyéndolo. ¡Esta noche lo haré! o no.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Los Ángeles también leen




Ángeles en 300 pixels
Los Ángeles también leen, o eso parece. No tengo ni idea de cómo empezar este blog y tampoco tengo claro cómo continuar. Pero estando en marketing digital ya me tocaba. Siento como si estuviera haciendo algo malo,  siempre he escrito en diario de papel, ese pequeño que guardamos en la mesita de noche. Sí, me confieso: soy una "frikie" de lo escrito a mano. Una pequeña necesidad interior en homenaje a mí misma. Para qué si no se escribe un diario, para uno mismo. Pobre cuaderno condenado in eternum a la soledad y el encarcelamiento de una cajón de una mesa de noche. Se le supone guardador de secretos,  secretos inquietos que buscan la luz. A caso no escribimos para ser leídos. Creo que hay algo de bi polar en el hecho de escribir en un diario: queremos escribir nuestros sentimientos y vivencias y que nadie los lea, disculpen pero no me lo creo. Nuestra psique nos traiciona, una vez más. En mi caso yo decidí hace muchos, muchos años escribir en el diario para no olvidar. Han habido etapas de toda clase: las que escribía solo lo malo, otras que solo lo bueno, otras muchas que solo lo anhelado.
También confieso que yo no escribo en el diario como si fuera una agenda. No le hablo en tercera persona, " querido diario",
hablo como si hablara a otras personas, a un grupo de amigos, y muchas páginas o turnos de escritura los acabo con un " buenas noches queridos amigos, gracias por escucharme..."
¡Incongruente, verdad! Pues ni son muchos ni me escuchan. Un solo objeto sobre el que escribir mis demonios reales y soñados. Un objeto que me da seguridad y me lo llevo en la maleta de viaje. Sí, nunca lo dejo en casa. En los viajes, me refiero. La mayoría de veces no escribo cuando estoy de viaje. Pero el solo hecho de tenerlo conmigo me tranquiliza, no vaya a ocurrir algo que me produzca la necesidad de contarlo. Y aquí llega este blog, porque realmente no sé si me quitará tiempo de mi diario, "el de los otros".  En fin las historias siempre se saben donde empiezan pero no donde acabarán. ¡Bienvenidos a esta, una de mis historias!