viernes, 1 de junio de 2018

Ruido lingüístico


Ruido, a veces queremos decir cosas que se nos quedan adentro. Palabras que se esconden en nuestras entrañas, por instantes sentimos que las vamos a decir pero segundos más tarde se nos esconden en nuestro olvido.  Esas palabras nodichas, nopronunciadas nos generan ruido lingüístico. 
No me chilles que no te veo...Ruido

Consiste en un pequeño zumbido que lo confundimos con  algún estado emocional como la ansiedad, la tristeza,  o el enamoramiento. Es un zumbido continuo, mientras dormimos se apodera de nuestro lado izquierdo y genera aventuras oníricas perfectas. Ruido que ensordece lo que queremos decir, nos provoca tartamudez pasajera y se puede confundir con algún trastorno como la dislexia.

Pequeño puzle enmudecido de palabras olvidadas que se nos quedan dentro y obturan las estructuras sintácticas correctas. Al principio pueden ser cuatro letras, pero poco a poco se organizan, sin estructura aparente, y se convierten en un ejército perfectamente ordenado y listo para dejar ir cosas que jamás diremos.

Colesterol lingüístico que entorpece la circulación de las emociones hasta producir un ictus emocional por enmudecimiento. En la era de las plataformas de comunicación, las personas mueren de silencio. Se convierten en sonrientes emoticonos que navegan por mensajes efímeros, surferos que buscan el chat perfecto que les permita conseguir un corazón virtual. Entre sonrisas amarillas, con lágrimas azules en los ojos, se esconde aquello que algún día quisimos decir  pero hoy ya no recordamos porque un ruido lingüístico confunde nuestra capacidad de comunicar.

En ocasiones el ruido se hace más fuerte, quiere salir, exige ser dicho, susurrado, escuchado por alguien. Sin importarle lo más mínimo ser entendido o respondido solo quiere ser una frase nacida de un deseo, un enfado o una idea espontánea. Las palabras se nos acumulan en la boca, se empujan unos a otras y pueden perder su sentido pero nadie lo aprecia.

Hoy en día casi nadie te pregunta, «¿Qué piensas?» «¿Qué has dicho, lo puedes repetir?» Será que hemos dejado de pensar…Las personas sonríen y contestan con frases que a veces no vienen a cuento, porque ellos también tienen su propio ruido, sus palabras prohibidas y por esa razón todos actuamos con normalidad ante la frivolidad de palabras vacías que nos liberan de la responsabilidad de poder escuchar nuestras palabras prohibidas  en boca de otro.

¡Feliz silencio! Yo hace tiempo que lo rompí, mi silencio, pero
 he olvidado lo que quería decir. 

viernes, 4 de mayo de 2018

Mujer en el siglo XXI


Dicen que las personas tenemos una consciencia colectiva, de hecho dicen que la tienen todas las especies orgánicas. Émile Durkheim, 1858-1917, fue el primero en creer que los individuos son el producto de fuerzas sociales complejas y no pueden entenderse fuera del contexto social en el que viven. Según Durkheim, esta conciencia colectiva difiere totalmente de las conciencias individuales que la forman.

No he encontrado forma mejor de expresar como me siento, totalmente en disonancia con el contexto social en el que vivo. Todo lo que aprendí, lo que escuché de niña, lo que la educación me dijo que era correcto, no se ha cumplido, por ejemplo:

Dos no se pelean si uno no quiere.  
Si dices “por favor”,  te responderán “gracias”.
La justicia es igual para todos.
Quien bien te quiere te hace llorar…

Mentiras, mentiras y más mentiras.

Desde la práctica vivencial  solo se me ocurrió buscar el botón simbólico dentro de mí misma y resetearme. Borrar todo lo aprendido, básicamente por supervivencia económica y emocional: no puedo permitirme luchar ante una justicia injusta y necesito recursos económicos para seguir disfrutando de mi vida de princesa corcel *.  He decidido  dejar a todos los “otros y otras” atrás, que sigan siendo ratas*, ya no intento cambiar al mundo, al fin  y al cabo llegué a él con los mismos conflictos que existen hoy en día. Solo pretendo construir mi universo privado y seleccionar a  quien entra y sale de él bajo mis criterios, ideología empírica buena o mala pero siempre mía.

Creo que la sociedad nos vende la moto con esto de la colectividad, el corporativismo…Es como si te convirtieras en mejor persona por participar en movimientos. Siento que etiquetarse implica limitarse. Estas nuevas mayorías tan , friendly, amigables que no pueden verte o identificarte con claridad sino te incluyen en alguna corporación, al momento te declaran "enemigo público". Sí, el pensar por  uno mismo hoy es una amenaza para esa mayoría fanatizada. Te etiquetan de  egoísta, y pregunto yo, «¿por qué ser egoísta es malo?» Nadie nos enseña a querernos pero sí a respetar al prójimo como una fe devota. Y si el prójimo ese resulta ser tóxico y asfixiante, ¿también lo respetamos? … Estoy tan harta de mayorías, de los modales, de los pacíficos que en nombre de la paz empiezan guerras. De los simpáticos que insultan y avasallan. De los triunfadores que han llegado al éxito con trampas y delitos, de los simpáticos, de  los que caen bien, y de los que dicen tonterías y se les ríe sus  gracias.

Si hoy la mujer del siglo XXI es todo eso: triunfadora, fuerte, acosadora, luchadora ( en sentido bélico), rechaza el amor como  una debilidad, independiente de su cuerpo y de su biología y devastadora del Planeta, exactamente igual que lo ha sido el hombre, pues me declaro mujer de extrarradio* temporal…Es decir, de un tiempo indefinido que puede ser entendido como futuro, para algunos, o bien como pasado para otros.

Soy mujer dependiente de lo que me gusta y de todo lo que amo, constructora de sueños y amante de la madre Tierra, soy perdedora de guerras y andanzas varias, especialista en desaprender lo aprendido,  mi religión es mi biología, mi cuerpo un templo en el que se guarda mi esencia inmortal, pierdo el Norte a cada paso y en el siguiente encuentro el Sur, me enamoro de todo lo vivo que vive en mí y fuera de mí.  Y así no se llega muy lejos, y quién sabe a dónde tenemos que llegar. De momento, estoy aquí, conmigo, todo lo demás puede esperar otro siglo.

  Nota:

*Alusiones a canciones de Melendi:
El Gordo y el Narco,  …de consuelo me queda que seguís siendo ratas y yo sigo siendo corcel…
Baby de extrarradio…..en la guerra como en el amor, todo vale, y siempre queda un perdedor..

sábado, 14 de abril de 2018

Escribir, arte antiguo en el siglo XXI


Hace unos días iba caminando con mi hijo pequeño y pasamos junto a un vehículo  que había sido mi primer coche, mi hijo dijo «un coche antiguo». A mí me  resulta bonito y perfecto todavía hoy, con él recorrí media Europa, subí a muchas cimas y a travesé caminos inaccesibles. Mi corcel de la libertad, así llamo hoy a mi actual coche, pequeño y ecológico. Es el mejor coche del mundo porque es mi coche.

Volviendo al principio, al momento “coche antiguo”. La palabra “antiguo” ha resonado en mi cabeza durante días, ¿qué cosas se han vuelto antiguas sin aviso previo? Creo que la lectura es una de ellas.
¿Se puede considerar lectura el ojear los miles de mensajes en nuestras redes sociales? ¿Se puede considerar lectura el despedirse del día con la luz azul de un dispositivo en lugar del roce ruidoso de una hoja de papel? ¿Hace cuánto no leéis un libro de papel? Recordáis cuándo dejasteis de hacerlo.

Todo ello me hace sentir que leer y escribir se ha vuelto un arte antiguo. Hasta el siglo XX se consideraba arte antiguo a las obras creadas en un vago y extenso periodo de tiempo comprendido desde el siglo IV a.C. al Siglo V d.C. Pero eso también se ha perdido, en este siglo XXI, las cosas se vuelven antiguas casi en el  mismo momento de nacer.

Los optimistas pensamos que la lectura está evolucionando a otros formatos, pero realmente empiezo a sentir que el daño es irreparable y que la falta de atención a la lectura conseguirá que  nuestros hijos no lean la cantidad de libros que hemos leído nosotros, los de la generación pre-internet.

Uno de los principales culpables han sido las editoriales y su voluntad de monopolizar el mercado, han prefirido dejarlo morir por asfixia,  lentamente, por falta de oportunidades a nuevos escritores y a nuevos sellos, porque a ellas, a la gran editorial monopolizadora, ya le da igual que la gente lea o no, porque consigue imponer sus contenidos en todos los formatos. Resulta fácil alimentar el ego de libertad de los que creen que leen, aunque yo prefiero decir  los que solo creen y no leen, han olvidado leer porque ya es un arte antiguo y muy pronto será un arte olvidado.

Soy la primera en reconocer que he perdido hábito lector y eso que me dedico a ello. Lo estoy recuperando a ritmo de dos informes de lectura semanales, pero no me compro un libro hace años y no creo que lo haga en Sant Jordi, ya he paseado por los principales escaparates de las librerías asfixiantes y ya sé que autor será el más leído, y qué libros los top-sellers del 2018, me revuelve un poco mi fino estómago pero me refugiaré en mi manta y mis libros antiguos.





martes, 13 de marzo de 2018

Test del párrafo


A pesar de haber comunicado que me alejaba, temporalmente, de la edición literaria me siguen  llegando obras para leer. Elijo las de autores conocidos, o amigos, o alguien que me provoque lo suficiente para leerle a pesar del estrés laboral y personal en el que habito de forma permanente.

Foto real de mi mesita de noche ahora mismo
Mientras hacía informes de lectura, comparando obras, leyendo y volviendo a leer resulta que hice un experimento. Tranquilos, solo experimenté con palabras. Y fui a dar con lo que he llamado: el test del párrafo.
Mi descubrimiento ya existe en la física cuántica y se le conoce como la Teoría del Todo, se podría resumir en una simple fórmula del movimiento de los grandes cuerpos del universo y del átomo más pequeño, algo así como presente, pasado y futuro en un solo espacio-tiempo...¡Que nadie se asuste! no me he pasado al lado oscuro de la ciencia, aunque sigo en el de la tecnología. 

Intentaré explicarlo en el campo de la literatura, se trata de que un párrafo extraído de una obra ( novela, ensayo…) y leído de forma aislada nos da todo lo necesario para saber si la obra está bien o mal escrita.

¡Qué nadie se precipite!, no digo que sepa de qué va la obra solo me refiero a que existe una especie de unidad y estructura cósmica perfecta en todas las cosas, analizando una parte se puede entender el todo. Vendría a ser lo que en medicina se llama “biopsia” de un tejido.

Realmente cuando llegó esta reflexión a mi cabeza empecé a probar y fui a buscar viejos libros leídos hace tiempo y me di cuenta que la fórmula funciona. Un párrafo nos da paz o nos perturba, nos dice si hay equilibrio narrativo en la obra o bien si necesitaremos leer y releer para entender lo que pretendió escribir el autor.

Todo esto me recordó que desde muy joven he tenido la sensación que en los libros reside algún tipo de magia y me gusta tocarlos, mirar sus portadas, sus créditos... Abrirlos por sorpresa con la sensación, más paranormal que pragmática, que el libro me dejará leer lo que yo necesito en ese momento. Así como una persona que echa las cartas, las toca, las acaricia y espera algún tipo de mensaje en ellas, así abro yo un libro. Por eso se acumulan libros en mi mesita de noche, algo de ellos necesito todavía, cuando los devuelvo a la estantería es que ya estoy en paz con ese título.

Esta teoría puede resultar muy útil en muchos aspectos de la vida, aunque no creo que funcione en personas.¿O sí? Tal vez sea yo  más dada a la analítica de la materia, incluso de la cósmica, que de la simple carne humana.

Me gustaría saber si hacéis prácticas en la búsqueda del sentido empírico del test del párrafo, estoy convencida de que os funcionará.

miércoles, 14 de febrero de 2018

San Valentín


¡Qué mundo este! Anda todo  revuelto, y no solo por la política, sino por el amor. Días previos a San Valentín, todo el mundo reflexiona sobre el amor. Me recuerda un poco al final de año y la lista de las buenas intenciones. 

En San Valentín las personas reflexionan sobre su vida amorosa o la versión más estandarizada conocida como  vida en pareja.  Mi destino no colabora con mi compromiso con esta celebración, sin duda yo tampoco, pero dado la confluencia de hechos que concurren en mi vida estos días, el no celebrar San Valentín es puro descarte de acontecimientos en pro de la supervivencia: mi cumpleaños, el de mis mejores amigas veinticuatro horas después del mío, el de mi madre, el mismo 14 de febrero, y por último carnaval y el inicio del  año chino que son nueve días de celebración… Desde mi infancia descarté carnaval por el ruido y San Valentín por el amor, esto último me resultaba inútil y algo aburrido.
Nunca he soñado con enamorarme, no me gusta pertenecer a nadie, ni que nadie me pertenezca, y me aterroriza la vinculación emocional. Ya tengo mascotas, plantas, e hijos, ¡quién puede necesitar algo más! Soy una millennial con diez años de más. Y si me da algún momento de bajón y necesito ser acariciada, tengo amantes-amigos de confianza, amables, divertidos e inteligentes al otro lado de un simple clic. ´

Pero vosotros no seáis idiotas y no os dejéis influenciar por frikies de la comunicación y hacer lo que os apetezca, si cuando pensáis en esa persona, sea o no vuestra pareja,  sonreís, si no imagináis un solo día sin esa presencia, si cuando miráis a tiempos pasados os  emocionáis y os sentís afortunados de haber vivido lo vivido, entonces no ser modernos y decir, gritar y compartir esos sentimientos. Porque las formas importan, porque los sentimientos deben tomar formas que podamos recordar y una de las mejores es la palabra: ya sea en poesía, o en prosa corriente, ya sea en un papel pautado lleno de corazones o bien un simple trozo de servilleta mal cortado, sea cuál sea la forma que deseéis usar no será importante, lo verdaderamente grande es decirle a la otra persona: te quiero.


Disfrutad, vincularos, dejad amaros y amar, siempre vale la pena.  Con vuestro permiso yo sigo a lo mío, con mis proyectos, mis luchas internas y externas y así  dejaré pasar las flechas que Cupido me manda porque solo hay una cosa mucho mejor que el amor: la libertad, mi palabra favorita. 

miércoles, 31 de enero de 2018

¿Qué significa ser escritor?

Gracias a un comentario  de un lector en un artículo titulado, ¿Por qué escribimos?, nace este post de hoy. El comentario fue una reflexión  inspiradora que llega en un momento en el que estoy de tránsito como editora literaria.

Creo que el transitar, como sinónimo de cambio, refleja mi estado profesional, si bien trabajo más y mejor que nunca en un ritmo frenético de edición de contenido en formatos y en temas que me obligan a esforzarme exponencialmente, pero me aleja de mis primeros deseos de buscar la edición literaria para evitar el mundo ejecutivo y mercantil. En estos últimos cinco años mi vida ha cambiado mucho, afortunadamente siempre para mejor, a pesar que el modo de cambio podría haber sido más “aburrido”, lo dejaré en este adjetivo, de momento.

Si reflexiono sobre el porqué decidí dedicarme a la edición de ficción literaria, aparece la siguiente respuesta:  por mi incapacidad para escribir. Y en segundo lugar, por mi fascinación hacia la mente de un escritor. Quería llegar más lejos, reconocer entre un alma de alguien que capta e inventa historias y la de otra persona que no puede hacerlo. Existe una diferencia intangible pero real.

“Un escritor es un lector nato” así lo argumenta este lector en su comentario. Estoy completamente de acuerdo  pero se ha dado el caso que gente que no ha tenido acceso a la lectura, también,   ha llegado a ser inventores de historias y sintetizadores de emociones sobre papel. Creo que es un don,  y después de estos años he conocido escritores que han luchado por bloquearlo.

Ser escritor y no querer serlo es un gran castigo, casi un tormento para la persona que lo sufre. Esa lucha interna destruye al individuo y esconde el don pero no puede adormecer la necesidad y aparece en otras formas creativas silenciadas que le queman por dentro.
Ser escritor implica el convivir con ese don, de forma consentida o sin sentido, implica dominar esa capacidad de escuchar frases que se escriben en un espacio –tiempo solo descifrable para él. El entender situaciones que para otras personas pasan desapercibidas. El escritor  siente mucho más de lo que escucha o de lo que las palabras significan. Puede ver luz en una noche cerrada o verdad en una farsa.
Pensándolo mejor tal vez es un don doloroso, solo se calma cuando se lee a sí mismo y vuelve a la luz del mundo real cuando es leído por otras personas. Ahí acaba su ciclo, pero no su castigo porque puede volver a sentir la necesidad de escribir en cualquier momento.

Ser escritor es una fórmula cósmica variable: un porcentaje de dios, un porcentaje de demonio, una parte de imaginación, dos de creatividad, y tres de ingenio aprendido...Como toda fórmula magistral hay algo de mágico y secreto en esa personalidad.

Ser escritor implica condena y don por igual, si miro hacia atrás creo que aquellos escritores con más ego y sentido de la corrección son los que menos don tienen aunque suelen aparentarlo con formas literarias que confunden. Ahora que ya no busco escritores de forma sistemática como antes, me encuentran ellos a mí. ¡Bendito futuro, qué nos deparará!

martes, 23 de enero de 2018

La felicidad


Según la RAE, la felicidad es un estado de grata satisfacción física y espiritual.  O bien, la ausencia de inconvenientes o tropiezos…

¡Vamos a recapacitar! Cómo puede ser que exista algo sin inconvenientes ni tropiezos. Esta reflexión nace de mi estado de infotoxicación  a la exposición de artículos sobre la felicidad en todos los ámbitos de nuestro día a día. Quiero reivindicar el derecho de sentirme feliz cuando a mí me apetezca. «Entre la constante felicidad y la eterna juventud» así no hay quien sobreviva al día a día en comunicación. Hace unas horas me pillé a mí misma sonriéndome  en el espejo. ¡Pero dónde vamos a llegar! Es que si no sonrío no estoy al día. Me siento más vieja, más cansada, menos inteligente. Ya tengo esas arruguitas tan molestas a los lados de los labios de tanto sonreír. Pero he decidido acabar con esto, ya.
Se acabó el esforzarme por ser feliz en el trabajo, feliz en casa, feliz paseando al perro. Feliz cuando tengo una mala noticia, -porque podría haber sido peor-, feliz de hacer felices a los demás. Tengo que escribir feliz sobre cosas complicadas y que el lector sea feliz al leerlo…La felicidad cansa, y mucho.

Además, ahora los couchers, orientadores laborales  de éxito, dicen que si encuentras la felicidad llegará el éxito. ¿Cómo sé que tengo la felicidad? ¿Dónde se compra? ¿Cómo se adquiere ese estado de grata satisfacción constante? Hace unos días escuché en un programa de radio que la operación estética más solicitada era la de ponerse unos hoyuelos a ambos lados de la boca.  Reflexiono y me visualizo con esos extraños agujeros en mis mejillas, creo que pareceré el mítico Yoker o más bien el temible payaso de It, película de Stephen King. Porque no por mucho sonreír se es más feliz…

La sociedad ha olvidado que los payasos acaban suicidándose. Que aquel que más sonríe es el que más sufre por dentro. Que la felicidad no puede ser captada por una selfie, o que estar feliz no siempre es una realidad sino una pared que blinda tu verdadero estado. Antes, en un pasado para nada remoto, nuestras madres nos decían «no te fíes de quién mucho ríe». La sociedad ha pasado de perseguir a la sonrisa, prohibiendo reír incluso  cuando te hacían cosquillas,  a estar permanentemente exhibiendo  felicidad digital intangible.


Espero haberos hecho sonreír con este artículo, o post, o cómo queráis llamarlo. Y sí, soy feliz, no sé bien por qué, porque mi vida dista mucho de ser fácil, pero soy alegre y me siento feliz solo por SER, no sé si así llegaré al éxito, llevo 47 años esperándolo o tal vez ya lo haya conseguido y no sé distinguirlo. Pero, hay algo que tengo claro, no busco la felicidad porque no es algo que se encuentre, solo puede sentirse por dentro, aunque a veces no sonría. 
¡Sed felices, si os apetece!