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domingo, 17 de marzo de 2019

El chico de la cafetería



Esta semana hace un mes que empecé a trabajar en un proyecto editorial dentro de una gran corporación. Estoy en horario de tardes-noches, aunque todo en este trabajo es relativamente flexible. No puedo llevar teléfono móvil en las instalaciones, por contrato. La oficina está en la primera planta de un edificio de cristal, con patios acristalados, sin ventanas. Estoy en un distrito financiero, sin vida de barrio,  con hombres de seguridad en los accesos, y bares ecológicos en los bajos. Por las mañanas sigo trabajando para mi empresa, y por las tardes me convierto en empleada con bonos, ratios y seguridad social. Después de pasar un proceso de selección desquiciante, lo superé porque nunca sentí que me estuvieran seleccionando ya que al ver que había más de 70 personas que optaban al mismo puesto supuse que no me elegirían a mí. El caso es que han pasado ya cuatro semanas, trabajo en una división con 9 chicas y 1 chico. Nadie me preguntó cómo me llamaba hasta la tercera semana, al final de esa semana una de mis compañeras me pidió que me cambiara el nombre. Fue una conversación muy amena:

-No te puedes llamar así, tu nombre se parece al mío y nos pueden confundir…
Yo respondí: - Vale, vale…
-Deberías ponerte “Lola” por ejemplo.
 A lo que yo respondí:  Vale, vale, sí, sí…
No la volví a mirar, continué al teléfono y por primera vez grité: “ Hola, me llamo Ángeles Gallardo y….” Creo que esa mujer, la que quería que me cambiara el nombre, salió de mi zona de confort y desapareció de mi mundo, horas más tarde intentó hacerme una broma pero yo no la vi porque no la he vuelto a mirar.
Cada día llego y digo bastante alto: “Buenos días”,  nadie contesta…El único chico que hay levanta la cabeza y arquea los ojos en señal de saludo. Me doy por respondida. Hace unos días una compañera me respondió, -“no son buenos días, son ya buenas tardes”-

A lo que yo añadí: “ Buenos días”, otra vez, más alto y con más efusión…He conseguido esquivar al representante sindical de forma muy cordial, parece ser que yo tenía que hacer parte de su trabajo, creo que elige a quien le hace su trabajo, pero yo no he querido hacerlo, siento alergia a los sindicatos. Creo que ha entendido que no lo veo el día que me facilitó una hoja con mis derechos de trabajadora y yo con cuidado los lancé al bidón de papel para reciclar…No se ha vuelto a acercar a mí, y le pasa su trabajo a otra compañera…Estoy tan feliz en un ambiente positivo y cordial.


Parece ser que pongo nerviosas a mis compañeras no entiendo por qué, no hablo con nadie. Mis jefes directos se han acercado a mí una tarde y me han preguntado: “si necesitas cualquier cosa. Si alguien te molesta, solo tienes que decírmelo”…Yo sonreí y dije que estoy muy contenta con mis compañeras de las que puedo aprender tanto…Sentí que no se lo creía. Mi jefe directo es un tipo cualquiera, pequeño, y parece estar siempre enfadado, siempre sobrevuela por los pasillos pero yo no lo veo, mis compañeras me dicen “ me pone nerviosa”, yo sencillamente no lo veo. Hace unos días me dijeron que quería hablar conmigo para felicitarme. Yo pasé deprisa por delante de su despacho y cuando él levantó la cabeza sonriente yo ya había cruzado los  50 sitios que me separan de él. Cuando paso por su lado soy verbalmente efusiva y le digo: “ Eyyyy!!!” y levanto el pulgar como una adolescente rapera… Sé que no es propio de mí, pero no sé qué hacer ni cómo actuar. Él sonríe, yo acelero el paso hacía la cocina. En una cocina donde podemos comer más de 50 personas a la vez, nadie habla con nadie.
En los bajos de mi edificio hay  una cafetería de diseño y comida saludable. Entro cada día y cojo una ensalada de frutas, un yogurt y un café con leche (de vaca ) sin azúcar para llevar. El primer día que entré ya había firmado todos los contratos y sabía que como mínimo iba a pasar allí un mes. Eran las 3 de la tarde, y cierran a las 4, entré y todo estaba a oscuras, la puerta se cerró e intenté salir pero no se abrió. Es de esas puertas que detectan personas y que conmigo nunca funcionan. El caso es que pensé que me había metido en un lío porque iba a tardar en volver a mi puesto de trabajo…Me puse nerviosa, empecé a decir en alto ” hola, hola, ¿hay alguien?” de pronto vi que un hombre se movía por dentro, pensé que o bien era sordo o evidentemente un imbécil…Volví a decir más fuerte “ hola, hola, estoy aquí”…El hombre siguió a su ritmo y yo miraba la puerta que no se abría…«¡Atrapada!» Pensé estoy «¡Atrapada!»  No sé cuánto tiempo pasó, tal vez solo unos segundos, mi nivel de paciencia es muy bajo, inexistente. De pronto apareció el chico de la cafetería, un apuesto hombre con canas dibujadas con tiralíneas, alto y algo delgado para mi gusto. Parece tranquilo…De pronto me dijo: “ Ahhh, estás ahí!!! Sentía que había alguien pero no vi a nadie”…Yo respondí, “ sí, me suele pasar”. Él rezumaba tranquilidad, yo estaba histérica, “me puedes abrir la puerta, por favor”…Y él respondió, “ está abierta”…Y yo dije poniéndome de puntitas,” no, no funciona”… Y la maldita puerta se abrió solo para ponerme en ridículo. Me dispuse a cruzar la puerta cuando oí su voz que me decía: “Si estás aquí querrás tomar algo, ¿ qué te pongo?”
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 Yo ya estaba casi con ambos pies en la calle, libre, al fin. Pero me giré y dije: “un café con leche”…Él se puso a hacerlo,  me acerqué y le dije: “ Estás cerrado, discúlpame, no lo sabía, no te molestes, gracias”…Y él dijo, no es una molestia, y se giró con el café en la mano…Yo lo acepté, y le dejé el dinero…” muchas gracias” le dije,  y salí corriendo de vuelta para mi puesto de trabajo…Nadie acusó mi ausencia.

Cada día, antes de entrar en mi nuevo mundo sin conexión, entro en la cafetería y pido mi café con leche para llevar,  mi ensalada de frutas y mi yogurt…” Cuando llego es la hora punta, hay una danza de chicas que revolotean  alrededor del chico de la cafetería, yo me pongo detrás de una nevera desde donde puedo contemplar la escena. Él  sonríe medio coqueteando, esa sonrisa deshace a sus admiradoras de todas las edades, nacionalidades y turgencias. Algunos días se le han caído cosas de las manos, me ha hecho gracia, es torpe, me siento identificada. Pero su voz rezuma tanta tranquilidad, algo que a mí me falta…Casi todos sus clientes pagan con teléfono móvil o tarjeta de crédito, yo siempre pago en efectivo. Hace unos días cuando me dio el cambio cogió mi mano con delicadeza, dejó las monedas dentro y me cerró los dedos con su otra mano. Sentí una extraña fuerza que me incomodó, no pude mirarle a la cara, bajé la cabeza, dije: “Gracias, buenos días” y salí volando con mi café con leche hacía mi libertad anónima e impersonal que es mi trabajo. Algunos días el chico de la cafetería no está, hay una chica que ya me reconoce y me prepara el café con leche mientras habla con otros clientes. Esos días yo intento buscarlo por dentro, entre las diminutas mesas que hay para dos personas que la mayoría solo están ocupadas por una.  Hace unos días, había un cliente inglés, muy joven y exageradamente alto, hizo su pedido en su lengua materna hablando rápido como si estuviera en su Inglaterra natal, era algo zipizoto y no se le entendía muy bien, el chico de la cafetería se incomodó, yo estaba al lado del inglés y le traduje: “Ha pedido tres cafés: uno con leche de soja, otro descafeinado y el tercero no lo he entendido”… Y añadí: “Ponle lo que te apetezca es un inglés tonto del culo”. El chico de la cafetería sonrió, preparó los cafés y el inglés me dio las gracias a mí pero yo no le contesté. De hecho ni lo miré porque su mala educación británica me da alergia, también.

No sé qué podrá pasar el próximo mes en mi nuevo trabajo asalariado, pero mis mejores amigos son la empleada de la limpieza de mi planta, el joven de seguridad de las mañanas y el chico de la cafetería, creo que este último no sabe que existo.

jueves, 31 de marzo de 2016

Editar, leer y escribir divirtiéndose

Mañana, día 1 de abril es el Día Internacional de la Diversión en el trabajo, también el día 8 de abril se cumple 3 años de nuestra revista INÈDIT  y la editorial está en un momento de cambio y de internacionalización que no sé adónde nos llevará. El trabajo y la emoción  desbordan el día a día. El hacer de una pasión una forma de ganarse la vida no es ni tan sencillo ni tan bucólico como algunas revistas de negocios nos quieren vender. Pero sí  resulta divertido, apasionante y desde luego nunca aburrido.
Empecé esta aventura editorial con la distancia que da la experiencia de haber trabajado en empresas de tecnología, creía que  internet y la digitalización me librarían del contacto personal y la implicación emocional en cada nuevo proyecto. Crecí en una familia de empresarios y ya sabía lo que significaba trabajar para uno mismo, pero creí que sería más organizada, fría y calculadora para librarme de las ataduras emocionales en un trabajo en el que nadie llegaría a conocerme personalmente gracias a las páginas web y las respuestas automáticas de los emails. ¡Qué equivocada estaba!

Cada cliente, ya sean escritores o empresas en el área de prensa, se ha integrado en esta peculiar familia que es MARLEX EDITORIAL en la que hemos llegado a conocernos de forma a veces tan personal que asusta.

Supongo que es un privilegio que tus clientes no solo te exijan sino se preocupen por ti, y es lo que pasa en la edición. ¡Cómo no trabajar así! ¡Cómo no esforzarse por las obras de escritores que te envían mensajes como “ descansa y respira, mañana ya seguirás”, o “ ¿cómo está tu perro, ya lo paseaste?”, escritores que comparten su día a día: si se han enamorado, envían poemas, si están deprimidos, me envían una foto de algún yogurt o helado…¿Cómo no arriesgar y salir a comerme el mundo por clientes así? Además, eso es diversión, de la buena, de la de calidad, porque todos sabemos que estamos al otro lado de un email o un post en Facebook, todos cuidamos de todos.
Ahora ha llegado el momento de internacionalizar la diversión y crecer, sin perder el espíritu de empresa familiar, toca crecer o morir, toca metabolizar el miedo y las inseguridades que siempre llevo puestas y decirle al mundo que se divierta con nosotros, con nuestras historias y que serán bienvenidos a esta pequeña gran familia editorial. ¡Pase lo que pase nunca dejaremos de divertirnos!

martes, 13 de octubre de 2015

De escritor frustrado a editor, arte u oficio

 ¿Quién nos concede la potestad de decidir que algo es adecuado para el público lector?
Hoy quiero reflexionar sobre lo que supone ser editor y la relación con el escritor. No esperar un discurso académico porque intento buscar la ironía y el reírnos un poco de nuestro día a día. Con esto aclarado puedo empezar por la diferencia que el editor es empresario y busca beneficio y el escritor es un artista que necesita dar forma y sentido a sus emociones. Muchos editores son escritores, personalmente creo que la mayoría son escritores frustrados, algo que yo siempre he confesado. Como la figura del crítico literario o crítico de arte, ¿Quién nos concede la potestad de decidir que algo es adecuado para el público lector? Nadie, nos la inventamos y los lectores lo asumen.
Por eso mi idea de crear una editorial como lector, porque no me reconozco como editora, aunque en  realidad lo soy, intento mantener mi criterio fresco  e imparcial de  lector. Busco que la obra entretenga, aporte contenido que emocione, y le doy más importancia a ello que a  una corrección ortográfica  perfecta.  Grandes escritores cometen errores gramaticales y ortográficos. Por eso, para mí, como editora, tiene que  haber en los escritos algo del alma del escritor, algo que pueda conectar con otras personas y justificar el arduo proceso de la edición de una obra.
Desde el principio he sufrido un complejo de inferioridad ante otros editores de renombre, pero ya no, porque ahora confío en mis escritores tanto como ellos en mí. Y ya he convivido con  algunos de esos editores de falso renombre y no son mejores que nosotros. Solo se lo creen más que nosotros. Pero su ceguera y fijación obsesiva hacia las formas perfectas hace que muchos buenos escritores nunca lleguen al lector. Y desde mi ignorancia lectora me pregunto, ¿  Cómo justifican lo que cobran si no corrigen las obras que reciben porque ya han de estar corregidas, si  no promueven el libro porque ya se encargan de ello las distribuidoras? Si los escritores les hacen parte del trabajo técnico y las distribuidoras hacen el trabajo comercial.

 ¿A qué se dedica un editor de renombre?